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Full text of "Elias Regules Versos Criollos"

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VERSOS CRIOLLOS 



MiNimiao Di Instrucción PésucA t Féetisióh Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 
Art 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 

COMISION EDITORA 

Prof. Juan E. Pivel Devoto 
Ministro de Instnicciáii Pública 

María Julia Ardao 
Directora Interina del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 

Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Naaón 



Colección de Clásicos Uruguayos 

Vol 57 

Elías Regules 
VERSOS CRIOLLOS 

Preparación del texto a cargo de 
Josi FsDio BauAh 7 BEMjAKfif Nabum 



ELIAS REGULES 



VERSOS 
G RIOLLOS 

Prólogo de 
LAURO AYESTARAN 



D O M A C i O N 

JESUmJ^O SOSA 



MONTEVIDEO 
1965 



D. 3 7 5 S06 



PROLOGO 



A los 28 años de la aparición en 1894 de los '*Ver- 
sitos criollos", Elias Regules lanzó en 1922 la séptima ^ 
edición de esta obra, ahora con el título adulUgi^q^*^' 
había adoptado a partir de 1900: Versos críáUos^' 
Fue la última que corrigió en vida y su tiraje, como 
el de las anteriores, no fue abundante: según informa- 
ción de sus familiares no pasó de los mil ejemplares. 
Recuérdese que la primera parte del Martín Fierro 
alcanzó en los seis primeros años once ediciones con 
un total de cuarenta y ocho mil ejemplares. Agregue- 
mos en el caso de Regules las veces que fueron trans- 
critos sus versos en periódicos, hojas sueltas y anto- 
logias, y sobre todo, copiados laboriosamente en los 
vetustos cuadernos familiares de tapas de hule con 
aquellas inverosímiles tintas violetas. Aún así no se 
explica, por la vía escrita, la socializada extensión de 
sus poesías. Una de ellas, "Mi tapera' \ llegó a ser 
— y acaso aun es — la más recordada poesía del 
Uruguay. La más recordada, digamos de paso, quiere 
decir la que más se extiende en la memoria de un 
pueblo. Nada más. 

Es que un segundo mecanismo se había puesto en 
funcionamiento para fijar en la memoria de la colec- 
tividad los renglones de Regules, Era un viejo meca- 
nismo mucho más antiguo y consagrado que la in^ 
vención de la escritura sobre la faz de la tierra; y 
mucho más poderoso que ella aún hoy: la trasmi- 
sión oraL Creo que todos loa orientales, oímos pri- 



■ VH 



PROLOGO 



mero las décimas de 't/íi tapera" y luego, im día, la« 
vimos escritas, 

A ello de agrega que esa trasmisión oral venía ro- 
bustecida por otros mecanismos: a veces nos llegaba 
acompañada en el tono de un Estilo o Triste, con que 
se cantaba a la guitarra en los albores de este siglo. 
En ese caso, la rigurosidad en la trasmisión era per- 
fecta y se respetaba "la santidad" del texto original. 
La música acompaña la fonética — el color cantante 
de las palabras, su matiz sonoro más acabado y re- 
cóndito — aún miis que su intención ideológica: co- 
mo si la letra comentara la música y no ésta a aquélla. 

Pero, ¿por qué este mecanismo había funcionado en 
los versos de Regules y no, más arriba, en los de Ju- 
lio Herrera y Reissig o, más abajo, en los de Guzmán 
Papini, coetáneos suyos? 

Si esto se llegara a saber y se pudiera sistematizar 
y aplicar para casos futuros, se aseguraría la relativa 
inmortalidad de toda poesía. Cualquier explicación 
que se dé — ^'tocó las fibras entrañables de su pue- 
blo**, "habló con sencillez y en sentido recto**, etc^ — 
sería vana redundancia: adivinar lo que ya se sabe 
que ocurrió. Además, el autor de un prólogo no es 
un augur: se supone que es apenas im hombre que 
constata hechos, esclarece zonas oscuras, deja en la 
oscuridad lo que corresponde que quede en el miste^ 
río inefable de la creación literaria y, por supuesto, 
levanta un pedestal adecuado para que todos puedan 
ver sin distorsiones la obra que critica* 

Y la obra poética de Regules se puede estudiar en 
tres planos: el artístico, el de su resonancia popular 
y otro, en fin, el de su paso a la supervivencia foL 
klórica. Desde luego que estos tres planos sufren la 
intersección de un cuarto plano: «1 de la doctrina 



vm 



PAOLOGO 



del "tradicionalismo'*, creada por él en forma insti- 
tucional en toda América al fundar en 1894 la *'So- 
ciedad Criolla", modelo progenitor de los centenares 
de entidades tradicionaUstas qu;e abundan hoy en 
nuestro continente, 

• « * 

En el plano estticlamente artístico, si aplicamos un 
juicio de valor de acuerdo con los supuestos de la 
cultura occidental, la mayor parte de sus Versos 
crioüos y, desde luego sus obras teatrales, no so- 
portan una riesgosa pulsación crítica. Sin embargo, 
hay una página completa, acabadamente tersa, en jus- 
to tiempo poético, "Mi tapera", y algunas estrofas de 
otras poesías, dignas de la pluma más rigurosa en los 
menesteres sagrados y laboriosos del arte. Un com- 
positor, Eduardo Fabini, con segura intuición poética, 
aisló una sola décima de ^'Despedida'* — en la edi- 
ción príncipe titulada "Trovas" — y dio una de las 
páginas perfectas de la música uruguaya para canto 
y piano bajo el nombre de Triste^. Es aquella que 
dice: 

"Yo también puedo tener 
de afectos el alma llena» 
que donde vive una pena 
puede brotar un placer. 
FueB en todo hay, a ni ver, 
dulzura con esplendor: 
el tigre tiene su amoFt 
su cariño la paloma» 
la rosa bnnda su aroma» 
y hasta el cardo tiene ílor^** 

Otro tanto hizo en la obra coral El arroyo descui' 
dada donde Fabini recordó únicamente la segunda 



IX 



PltOLOGO 



décima del recitado de la obra teatral Los guachitos 
incorporado luego a sus Versos criollos 

Eate era el mejor Regules: el de la entonación lí- 
rica, menor a veces y casi familiar, pero con la gra- 
cia segura y leve del canto. En otras páginas abunda 
la retórica y el lugar común. Funcionan, eso sú pero 
como un órgano especial, no literario, que satisface 
otras apetencias: no las puramente estéticas» 

Es curioso e importante — se me ocurre — obser- 
var con respecto a su calidad poética y a la resonan- 
cia popular de sus versos, cóino ambas alcanzan sus 
cifras más altas en las poesías no dialectales o mejor 
aun, no regionales. Aunque parezca extraño, estas úl* 
timas son las menos populares y las más débiles: re- 
presentan apenas un 10 % de sus Versos criollos. 

Es que Regules se ubica en el segundo período en 
la historia de la poesía gauchesca. Ello nos impone 
una reiteración de las observaciones que estampamos 
en 1951 en el prólogo de nuestro libro La primitiva 
poesía gauchesca en el Uruguay*, Vamos a volver 
sobre ellas. 

Pongámosnos de acuerdo sobre un punto: la poe- 
sía gauchesca no es la poesía de los gauchos. Es la 
sorprendente alquimia literaria de un grupo de es- 
critores que fragua uno de los cuerpos orgánicos más 
diferenciados y originales de la literatura de las tres 
Américas en el siglo XIX« *'Los diálogos de Hidalgo 
y de sus imitadores, no tenían un fin poético propia- 
mente dicho — escribió Marcelino Menéndez y Pela- 
yo — pero no puede negarse que fueron el germen de 
esa peculiar literatura gauchescay que libre luego de 
la intención del momento, ha producido las obras más 
originales de la literatura sudamericana". Y Menén- 
Aez y Pelayo sabía con loa bueyes que araba en estoa 



X 



PBOLOQO 



menesteres críticoi sobre la literatura hispánica de 
todos loa tiempos. 

Una razón de dialéctica política preside esta literatu- 
ra augoral gauchesca. origina y pieside después de 
1810, Tiene que hablarle al hombre de la campaña 
para atraerlo a la causa de la independencia en los 
primeros tiempos y escoge un tipo diferenciado: el 
gaucho. Se sustituye por éL Mas, no conviene seguir 
adelante sin aclarar previamente que el poeta gauches- 
co no es un gaucho. Incluso su experiencia anecdótica 
del hecho gauchesco no es muy rica. Aunque parezca 
extraño, esto es lo normal desde el punto de vista 
estético. En cuanto a los fines puramente artísticos, 
la experiencia es de distinto orden: está más en la 
sustancia que en el accidente, y convengamos en que 
la sustancia está dada en las esencias más intransfe- 
ribles, por la ceñida precisión de estilo que no deja 
paso a divagaciones pretendidamente "literarias*' o, 
mejor dicho, retóricas, 

Y esto fue lo que se le pasó por alto a Emilio Coni 
en su serio y desapiadado libro ^ contra el gaucho 
cuando objetó, desde Hidalgo hasta Hernández, pa- 
sando por Ascasubi y Estanislao del Campo, la falta 
de veteranía de, todos ellos en cosas de campo, sus 
equivocaciones en faenas campesinas, en pelajes de 
caballos o en el conocimiento de los secretos resortes 
que diferencian al "baqueano" del "maturrango^'. 

Decíamos que la funcionalidad ceñida de esta poe- 
sía era su rasgo más acusado. No fue una preocupación 
retórica la que movió a Hidalgo, a Manuel Araúcho 
o a Ascasubi^ a redactar sus cielitos, medias-cañas o 
décimas. Fue una fulminante necesidad de expresión. 
£1 hecho artístico se les dio por añadidura (pero no 
por atar) en el ajuste estricto de todos los resortea 



XX 



PROLOGO 



estilísticos, Todos eflos eran escritores de estirpe; con 
una naturalidad pasmosa dieron en el blanco de la 
poesía. 

Y esta poesía tiene, además, varios caracteres co- 
munes que conviene examinar pausadamente, porque 
algunos de ellos se van a repetir en el caso de Elias 
Regules* 

Cuando el ^'estilo gauchesco" nace después de 1810, 
gu éxito fulminante lo transforma en una afiladísima 
arma dialéctica que paga por distintas manos y colo- 
res, pero que sigue fiel a su destino de expresividad 
del mundo circundante de la hora. Es patriota hasta 
el éxodo del pueblo oriental; posteriormente la Banda 
Oriental se halla sojuzgada alternativamente por por- 
tugueses y brasileños y aparece entonces, en una hoja 
impresa^ una de las piezas más espléndidas de esta li- 
teratura: el Cielito del Blandengue retirado del que 
extractamos sus estrofas pertinentes; 

..."No me vengan con embrollas 

De patria ni montonera, 

que para matarse al fSudo 

le Bobra tiempo a cualquiera^. . . 

«..'^Cielito, cielo que sí 
Cielito de Canelones 
Que Patria ni que Carancho 
Han de querer los ladrones"* . . 

/'Cuatro bacas hei justado 
A juem de trabajar, 
Y agora que están gordas 
Ya me las quieren robar. . 

. « . "Cielito, cielo que sí. 
Oye cielo mis razones 
Para amolar á loa sontos 
Son estas regolueiones*' 

(Documentos Biatáncow 1821-1825, BU 
bliotec» Nacional dm Montevldoo.) 



xn 



PROLOGO 



Ed la década 18301840, se transfoima en vara r©c* 
tora de una justicia distributiva contra los malos po- 
líticos que se kan enriquecido con la patria naciente, 
contra los oportuniatas, contra loa banqueros, contra 
los periodistas más ó rnenos venales o ^^papdms'': 

../'Venda aunque fuere a sa patria 

En cambio de un carachá 

Que después todo se olvida* 

Y d« ella será fiscaL 

GéUtOy clélOf cielito 

Cielito viva la gente 

Que tiene con tuito el mundo 

Un empleo perm8nente''p . • * 

«•«**Maniale duro no más 
Hasta que muestren el cebo» 
Que con los rechupetonea 
Que á la pobre Patria dieron, 
les ha cresido la panza 
Gomo le crese á los cerdos**. . • ' 

Al estallar la Guerra Grande en 1843, esta poesía 
alcanza su tensión máxima y con ella se cierra su prí* 
mer período íundacionaL Es el momento en que Hi- 
lario Ascasubiy que hacia ya diez años que se hallaba 
en Montevideo, encama al Gobierno de la Defensa. 
Varios anónimos justifican literariamente al Gobierno 
del Cerrito que, en el mismo tono, responde a las an- 
danadas del gran poeta cordobés \ 

Esta es, pues la línea conceptual — '^gauchi-patrió- 
tica" entre 1810 y 1820 y "gauchi-política*' entre 
1820 y 1851 — que sigue sinuosa y estrechamente 
la poesía gauchesca en el Uruguay durante la primera 
mitad del siglo XIX. 

Se ha repetido insistentemente que la poesía gau- 
chesca es anti-pueblerinaé Conviene precisar el tér- 



XUI 



PBOiioao 



mino de *^uebIero*' que casi siempre esta repreaen- 
tado en este cuerpo literario, por el "doctor", o mejor 
aún, el político que maneja desde su tranquilo bufete 
o en las antesalas de las convenciones de paz, loa hi- 
los invieibles de la lucba« Convengamos «n que éstos 
no son la más limpia representación de los centros po^ 
blados. Ahora que el hombre normal de pueblo, lo 
conoce profundamente — como que vive al lado su- 
yo — lo cual explica que el poeta gauchesco, que es 
un pueblero, no sea precisamente un tránsfuga. En 
realidad "el pueblero'', como "el gaucho^', no son dos 
paradigmas un tanto gruesos que expresan dos políti- 
cas con todas las miserias y grandezas inherentes. Hi- 
lario Ascasubi nos va a exponer en 1833 en Monte- 
video con una espléndida claridad esta teoría: 

...**A8Í de la paisanada 
loB puéblelos con razón 
suelen reírse, porcfue saben 
que los gauchos siempre son 
los pavog que en las cusliones 
quedan con la panza al sol; 
y el que por fortuna escapa 
de cair en el pericón 
después de sacrificarse 
saca un pan como una flor 
cuando tiene por desgracia 
de aznmarse a un £guron**. . « ' 

Admirable anticipo, en el orden literario, de lo que 
casi cien años más tarde van a decirnos, a través de 
su teatro, Ernesto Herrera o Justino Zavala Muniz. 

Y esta diatriba contra el mal político se torna más 
directa y acerba aún contra el extranjero interventor 
que quiere resolver en pocos días y muchas presiones 
y antesalas el conflicto de la Guerra Grande. Oiga- 
moft al miimo Ascasubi su interpretación gauclmeA 

3av 



PBOLOGO 



diplomático ÍDglée Lord Howden qmen, en 1847, 
caai resuelve la paz en favor de Oribe: 

...''Como apareao al milenio 
ba caído por esta tierra 
un Loro de Ingalaterra 
jmo2D lindo para yemo! 
Hombre Loro tratador 
que en el Río de la Plata 
trató con Loro Batata [Oribe] 
7 el Loro Restaurador, [Rosai] 
Y como tengo mis duda» 
de cómo se Uama el hombre, 
puea no estoy cierto ai el nombre 
es don Júden o den Judas"** • • ** 

Mai, entremos en los otros caracteres de esta poe- 
sia, que tocan de cerca el problema estrictamente li- 
terario de ella. 

La casi totalidad de las composiciones se hallan cor- 
tadas con el patrón del verso octosílabo que las en- 
tronca con la más pura tradición hispánica del Siglo 
de Oro, La naturalidad plástica de este verso de odio 
silabas, que corre con la fluidez de la palabra coti- 
diana pero con la gracia del canto, no es solución 
caprichosa, sino que obra como un resorte central 
dentro de esa maquinaria poética* Es el metro natu- 
ral de la lengua española. El empleo del endecasílabo, 
por ejemplo, presupone un refinamiento^ incluso una 
tensión lírica y espiritual,, distinta de las horas cá- 
lidas y cambiantes en que vive esa poesía. Por ello, 
salvo en aquellas piezas en que la frase musical de 
la danza — una Media Caña o una Refalosa, por 
e}emplo — obliga a extender o a acortar el número 
de silabas para llenar las percusiones del ritmo so- 
noro, en todo el resto reina, soberano, el renglón oo- 
toafldio. Así lo veremos i&ucbos añoa más tarde a 



XV 



PROLOGO 



Etiaa Regules. Y este octosílabo le organiza en doi 
principios estióficos: el romance y la décima: el pri- 
mero de ellos engendra una variante métrica criolla: 
el Cielito; la segunda se presenta, a veces, bajo la 
forma de Trovo o Glosa. La décima simple es hoy la 
estrofa más socializada del folklore lírico musical uru- 
guayo y fue implantada decididamente por esta ge- 
neración de escritores gauchescos de los albores del 
siglo XIX, Actualmente se entona con melodía de Es- 
tilo, Milonga campesina o Cifra y sirve de funda- 
mento constante para la Payada de Contrapunto. 

Entre los caracteres expresivos de la primitiva poe- 
sía gauchesca y fuera de su contenido dialéctico de 
ama de combate, cabe destacar dos o tres direccio- 
nes que tocan más de cerca la calidad sustancial de 
esta literatura. 

En primer término: es un verbo poético conjugado 
en tiempo presente* Nace al calor del día y vive en 
su hora más luminoda y asoleada* Ausente de la nos- 
talgia de lo pretérito, esta literatura se diferencia cla- 
ramente de la posterior gauchesca — Hernández, Lus- 
sich, Regules — la cual va a deleitarse, justamente, 
con el recuerdo de épocas pasadas. No rememora ha- 
zañas; las vive en ese momento y, por ello, quizás, 
no les da esa trascendencia resonante con que el re- 
cuerdo las transfigura. La muerte vigilante, el supli- 
cio, la guerra, son accidentes inevitables y cotidia- 
nos que rondan al poeta. El, apenas subraya con un 
humor agrio o un sombrío gracejo, estos acaeci- 
mientos. La valentía y el miedo no son cualidades 
afirmativas o negativas sino lisos y cambiantes esta- 
dos de ánimo« Es fineza sicológica pensar que para 
ser valiente hay que tener miedo. Desde luego que 
hay que superar este último estado' y en ello estriba 

XVI 



PROLOGO 



el punto de la valentía. Quien no siente miedo es sim- 
plemente un inconsciente; a veces un irresponsable. 
Hay una pieza admirable en ese sentido: Manuel Oribe 
anuncia, con varios días de anticipación, que el 25 
de agosto de 1843 asaltará Montevideo con dieciocho 
mil hombres y cuarenta piezas de artillería. Hilario 
Ascasubi, desde la plaza sitiada, no puede resistir 
mág la impaciencia de ese ataque que, presumiblemen- 
te, habría de liquidar al Gobierno de la Defensa, y le 
sale al paso con cuatro décimas como para quebrar 
el suspenso y decidir al sitiador a la acción: 

..."Pero amigo don Ciríaco 

usté solo 80 ha guasquiao 

pues nmdes le ha preguntao 

SI está en carnes o está flaco. 

Con diez y ocho mil j el naco 

de los cuarenta cañonea 

nos sacan a pescozones; 

[qué diablos Be anda empacando! 

¿ó sigue siempre esperando 

el verano y los melones? 

Con seis mil de gente e infantes 

toda tropa vioUmsta 

|el demonio que resista 

y la burra que lo aguante l 

Atrepelle y al instante 

verá aónde vamos á dar: 

¿á qué nos qmere asustar? 

¿no es mejor de que mansito s 

nos agarre^ tí. toditos^ 

y nos mande aserruchar'. . , ^ 

Años más tarde, cuando en 1872 publicó en Paría 
sus obras completas, recordando esta circunstancia, al 
reproducir la composición precedente, anotó lo que 
sigue: *^Con tan terrible amenaza se asustaron todos 
lo» sitiado»; y «1 Gaucho [Aacaiubi] má» a»iiatado 

XWI 

B 



que ninguno, apenas atinó a cantar los versos si- 
guientes que dedicó al presidente legal, antes del 
ataque". 

La gracia corre, además, a tubo suelto en este ilu- 
minado cuadro de la poesía gauchesca. Una gracia 
sana y pimpante que está latiendo hasta en el empleo 
del documento escatológico^ esa "mala palabra", que 
suena con una limpieza trascendida por su misma ne- 
cesidad de irrupción. Eg apenas una interjección. La 
imagen vuela con velocidad fantástica desde la más 
refinada intención hasta el más grueso epíteto. La 
felicidad en la observación directa, la graficidad de 
la imagen, se revelan en todas y cada una de estas 
poesías: tiernamente amistosa, sombría y sentenciosa, 
giaciosa o vigorosamente colorida. 

Otra peculiaridad definida de la primitiva poesía 
gauchesca finca en el hecho de que el paisaje está ce- 
ñido a la dimensión física y espiritual del hombre. El 
paisaje es estúpido: ciego, sordo y mudo. Sólo el hom- 
bre lo hace hablar. La escala humana se halla siem- 
pre presente: no hay descripción que no esté some- 
tida naturalmente a una funcionalidad estricta dentro 
del poema. Al describir la batalla de Carpintería en 
1836, oiremos esta feliz acotación plástica: 

... ¿ No han visto cuando hace el viento 

Sobre un tngal una raya 

Que se diieblan á la furia 

Las espigas en batalla? 

Pues ansí los milicianos 

Se metíeion al fandaoga 

Sin desmentir da la lila 

La pisada de un cHimango"* . . 

Decíamos que una característica definida de todo 
éite movimiento reside en el hecho de su organicidad 



xvm 



compacta. Tieuff algo^ de b coopdrtÍGipikiáóii Gokdi^a 
de miionrosGa «BcrítfHres en uw solé ob»; iscliwo 
los nombxts dtf Im permiajm Chano, par ajen»- 
pío, o Conftxsm*^ pasan do mano en mano: loa Uiatt- 
gui7a Hidalgo y los recogie Ascasubi. Pero hay más: 
añoB má& tarde, ^'Anastasio el Pollo" de Edtaoisko 
del Campo es el filial homeuje al progenitor '^AdÍ" 
celo el Gallo" de Aacasubi. 

El astilo en eale caso^ ea una gran superestructura, 
no una definida expresión personal* el punto de que 
si nos propusieran como problema estilíatico fijar el 
Aui&i de una composición poética de este grupo, ten- 
dríamos qiie recurrir a un auxilio histórico —pensó- 
najesr o sucesos a los que se refiere dicha coniposi> 
ción y q^e ya trato un. determinado autor— y no 
al raatÍK estrictamente literario de la mifima^ que pre- 
senta en todos los autores una extraña unidad inque- 
brantable. No hay una sola, nota discordante^ Y sin 
proponérselo deliberadamente como doctrina estética 
nacionalista, sin decretos ni academias, estos escrito- 
res dan en la flor mát diferenciada de la nacionalidad* 

Por algo el pueblo la Mcga y la fecmuda hiego^ y 
la hace aobrevi'nr faa^a nuestros días. Esli ap«rya«ú 
iniciahnente en el pueblo — aunqm^ no es obra anó^ 
nhna de gente de pueblo — y hacia él retoma cuando 
muere en el estrato ^'superior^^ sociológíoamenta ha- 
blando, se entiende. He aqi^ en verdad ^^la sabia mffár 
oukuta de ta muc^e'^ cosió dixia Quevedo* 

» » • 

Al tétíninio de k Güfivra Grande (1851) ae cierra 
el pximer acto de la poesía gauchesca y esta se raooge 
sobre s¿ aisBia y se pre^e^a para dos grande» aaftoa; 



PBOXfOao 



uno se produce en la década del 1860: es el Fausto 
de Estanislao del Campo, y otro en la década del 
1870: Los tres gauchos orientales de Lussich y la 
obra máxima: el Martm Fierro de Hernández* 

Esta segunda etapa constituye otro grado de una 
misma voluntad estilística. La primitiva poesía gau- 
chesca entre 1810 y 1851 — gauchi-patriótica al co- 
mienzo y gauchi-política a partir de 1820 — tenia los 
caracteres que hemos acotado precedentemente. La 
aegunda etapa, aún dentro de la misma línea, posee 
otroa: perdida la funcionalidad estricta, sigue dos 
caminos: 1^ desciende al lecho folklórico campesino 
y late hasta nuestros días como supervivencia: 2^ se 
eleva a una categoría artística en el Martín Fierro 
de José Hernández que entra a paso firme en la glo- 
ria seguido jerárquicamente por dos baqueanos en 
estas lides: el argentino Estanislao del Campo y el 
oriental Antonio D. Lussich» 

La historia de esta segunda etapa se produce asi: 

Al terminar la Guerra Grande, pierde función la 
poesía gauchesca y se desmaya en malos remedos: en 
hojas sueltas que relatan crímenes memorables o re- 
voluciones de entrecaaa mucho menos memorables 
que aquellos* Entonces, surge en 1866 el Fausto de 
Estanislao del Campo. Entroncado con la más limpia 
tradición áialoguística de la poesía gauchesca, el 
Fausto se levantó a una potencia literaria rica y ela- 
borada. Y como toda obra de arte definitiva, hizo 
más memorables a sus precursores. La primitiva poe- 
sía gauchesca le dio todo resuelto — lo que se llama 
la "voluntad estilística" — pero Estanislao del Campo 
ajustó y recortó las figuras, los diálogos y la imagi- 
neríSy con una intención artística máa calculada. 



PROLOGO 



El fausto fue construido en cinco dfas al calor de 

la inspiración, pero en sucesivaa y pacientes remode- 
laciones, su autor fue ajustando todos los resortes es* 
tilísticos del poema hasta lograr su versión definitiva: 
la del folleto de novienü>re de 1866. Conocemos dos 
cristalizaciones anteriores: la del manuscrito que se 
conserva en el Museo "Martiniatio Leguizamón'' de 
Paraná, y la que publicó el '^Correo del Domingo" de 
Buenos Aires el 30 de setiembre de 1866> levantada 
luego en "El Siglo" de Montevideo unos días después, 
el 10 y el 11 de octubre En un lúcido ensayo» Aina-^ 
do Alonso esclareció el proceso de sus variantes. 

Ajeno al valor puramente artístico del poema, 
queda aún en pie un problema a replantear: el 
de la validez del tipo de gaucho que encaman Laguna 
y Anastasio el Pollo, £1 primero es producto de un 
artificio literario : es el interlocutor que, a la ma- 
nera de los antiguos diálogos de los tratados cientí- 
ficos del Renacimiento, prepara y acompaña las dis* 
quisiciones del protagonista* Es un personaje ^^por 
decreto^'. El segundo es el verdadero actor de carne 
y hueso. Del Campo y sus precursores, tocan un solo 
registro en la amplia **tessitura** sicológica del gau- 
cho: el de la gracia y el de la picardía. La grandeza 
del posterior Martín Fierro estriba justamente en la 
amplitud y, consecuentemente, en la variedad de esa 
"tessitura", 

Pero de todas maneras, del Campo logra los más 
finos matices aún dentro de la reducida escala en que 
se mueven las voces. Un peligro se cierne, como una 
sombra maligna, sobre el poema: lo paródico* Toda 
la obra, elaborada a manera de un juego de sustitu- 
ciones — evidentemente, Anastasio el Pollo es Esta- 
nislao del Campo vestido de paisano — corría un gra^ 



ve riesge^; ñ 'd eolor se «oentvaba m dirección al 
**groteaco^', la obra caía en parodia» 

Pero hubo algo que lo salvó de sse riesgo: ei tran- 
sido amcír hada el pers^meje^ el humilde respeto ha- 
cía el gaucho que «scoge como arquetipo, A au ma- 
nera primkmi y Eumbona, Kstanislao del Campo rinde 
homenaje al gancho que lleva en sí, ^sacramente, 
como la custodia lleva la hostia" como diría Güiral- 
¿es pos^eriormeme en la solemne dedicatoria de Don 
Segundo Sombra* 

En la década del 70 se eonsnma la obra mayor de 
la poesía ^tjcíhescfl, el Martín Fierro de Hernández, 
precedida unos meses antes por Los tres gauchos 
orienksks de Antonio Lussich. Esta última está en 
la línea de Ealaníslao del Campo, y aunque Hernán- 
dez cono<^6 y alab6 la obra de Lnssieh antes de pu- 
blicar la primera parte del Martín Fierro, no puede 
bíAlarse 'banradametrte de procedencias estéticas. ¿Re- 
sonancias, influencias? Posiblemente. Pero ello no in- 
Talida en lo más mínimo la originalidad creadora de 
Hernández. También influyeron sobre él Del Campo, 
AscasuM e Hidalgo. No es la coyuntura de plantear 
aquí este problema ni de resolver en pocas líneas los 
caraeteres excebos del Martín Fierro. Digamos, sí, 
que Lns^ich e^tá en la dirección más entrañable de 
esta segunda etapa de la poesía gauchesca que alcan- 
za, indudablemente, su más alta temperatura estética 
en la invención hernandíana. 

Esta segunda etapa se descompone — a mi ver — 
en dos tiempos: el primero «e «iemi con el Martin Fie' 
rre (1872) y el segundo con Pafm Brava ÍIQIS"! de 
El Viejo Pancfbo; dentro de este último se halla in- 
'setta ja cAira de Elias ftsgülea. Puede pensarse en 
Htm tÉTrúora etapa dondt ae lorantan los nombres de 



non 



PBOLOjGO 



Fernán Silva Valdég y Pedro Leandro Ipuche. Pero 
esto ya es harina de otro costal. 

Esta segunda etapa de la poesía gauchesca tiene 
un filamento común; sigue siendo un producto de 
alquimia literaria; no es poesía del gaucho sino sobre 
el gaucho; pero tiene otras variantes capitales: en 
primer término su verbo no se conjuga en tiempo 
presente: es **el recuerdo de los buenos tiempos vie- 
jos". Y éste es un buen truco literario al fin de cuen- 
tas, porque resulta que esos buenos tiempos viejos 
nunca fueron tales: el gaucho fue siempre un despo- 
seído que defendió a punta de facón o lanza su vida 
y su libertad. Durante la primera etapa de la poesía 
gauchesca, esa lucha esta relatada en tiempo pre- 
sente: en la segunda, melancólicamente recordada. 
La vida idílica de los campos uruguayos, de la pam- 
pa y mesopotamia argentinas y de los '^fundos^' de 
Rio Grande do Sul, nunca fue tah Desde los viaje- 
ros y cronistas del siglo XVIII hasta los documentos 
más veraces de la primera mitad del XIX todos afir- 
man de consuno que el gaucho fue, por imposición 
de las circunstancias, un desclasado, cuchillero, caba- 
llista y nómade; sobre todo y fundamentalmente, con- 
trabandista. 

En unas preciosas Noticias sobre los campos de la 
Banda Orienial de autor desconocido escritas en 
1794 se fija claramente el tipo de población de nues- 
tra campaña colonial: "En cuatro clases de personas 
se puede dividir la población que cubre nuestras cam- 
pañas: la de vecinos hacendados dueños de estancias, 
la de jornaleros trabajadores o peones de campo co- 
nocidos por gauchos o changadores, la de indios mi- 
sioneros y la de portugueses'' . . » ^*Los gauchos son 
también de dos: d meros jornaleros que sirven al 



SOCHI 



PROLOGO 



que los alquila, o de changadores que viven del con* 
trabando y de robar ganado y hacer faenas por un 
precio que se concierta con el hacendado que los soli- 
cita, Y ambos viven sin domicilio agregados a las 
estancias o en el centro de la tierra persiguiendo ga- 
nado". Cuando caracteriza al gaucho, este escritor 
anónimo lo hace con estas rigurosas palabras; **es 
un lina}e de gente que no ha visto la cara al miedo^ 
que tiene por oficio lidiar con fieras bravas y bur- 
larse de ellas con facilidad y que estiman sus vidas 
en muy poco y quitan las de gus prójimos con la mis- 
ma serenidad que la de un novillo'*. Estos fueron ^''los 
buenos tiempos viejos"...^*. 

Y sobre elloa vuelven con mirada nostálgica los es- 
critores gauchescos de la segunda mitad del siglo XIX, 
entre ellos, en las postrimerías de esa centuria^ Elias 
Regules, paradigma de esa obsesión literaria* 

* * • 

Un segundo plano a considerar en la obra de este 
escritor es el de la resonancia popular de sus versos. 
La importancia de Elias Regules se verifica por el 
hecho de que sus motivos o sus imágenes IJegan a 
ser más memorables que el propio autor que las creó. 
Como es frecuente en casos similares hay un momen- 
to en que se olvida el nombre de su autor, pero se 
repite el motivo o la imagen con porfiada exactitud: 
"co^as chicas para el mundo pero grandes para mi'\ 
por ejemplo. 

Y la popularidad alcanzada por vía oral por Re- 
gules se puede verificar por varios caminos. Quiero 
ceñirme a uno de ellos: el que corresponde a las ve- 
ces en que sus versos fueron cantados en forma no- 



XXIV 



PROLOGO 



tona y tangible a través del diflco a partir de 1905 

ó 1906 en que en el Río de la Plata cundía en forma 
extensiva el disco plano de Berliner inventado en 1900, 
podemos certificar las siguienteg versiones: 1^ ¿Por^ 
qué?^ Columbia T. 163, Estilo por Arturo Navas; 2^ 
Mi tapera^ Columbia T. 169, Estilo por Arturo Navas, 
y Uruguayo 20.512, Estilo por Arturo Gobbi; 3"? 
Serenata de Los Guachitos^ Artigas N"^ 60.339, Sere- 
nata por Arturo Navas; 4*^ Por ella^ Columbia T. 145^ 
Estilo por Arturo Navas; 59 Él criollo americano^ de 
El Entenao^ Columbia T. 155, Estilo por Arturo Na- 
vas, y Artigas N^ 60.300, Estilo por el mismo ; 6*^ Ma- 
reo, Columbia T. 176, por Arturo Navas; 7^ Contra- 
punto criollo (Payada), Víctor 69.969-A y Victor 
N^ 62.205-A, Milonga por Arturo Navas, y Artigas 
N*? 60.331, por el mismo; 8^ El viejo Tomás Paredesy 
Victor W 62,203- A, por Arturo Navas; 9^ La Despe- 
dida. Victor N^ 69.970^B, Estilo por Arturo Navas {es 
la letra del Triste para canto y piano de Eduardo 
Fabini)* Estas son únicamente las que figuran en la 
colección de una sola persona, la del que escribe este 
Prólogo. Debe decirse que todavía hoy en las ferias 
montevideanas y en las casas de lance del interior y 
de la capital del Uruguay y de la Argentma, suelen 
lograrse gastados ejemplares* 

Esta forma de irradiación cubrió una vasta área 
que abarca el Uruguay y casi toda la Argentina con 
excepción del norte. Sólo así se explica cómo algunas 
de sus composiciones estén "en estado folklórico" en 
esas regiones, perdido el nombre del autor en casi 
todos los casos. 

Cuando la Ley Juan P. Ramos (N"? 4874) enco- 
mendó, como 65 sabido, a los maestros de la Argen- 
tina, recoleclar en 1921 las supervivendae folklo- 



XXV 



PBOIiOGO 



ricas, varios versos de Regules aparecieron entre los 
millares y millares de textos literarios enviados desde 
todo el ámbito del país. Los maestros, pese a la car- 
tilla que los aleccionaba en esta tarea de cateo fol- 
klórico, no eran, por supuesto, hombres de ciencia 
folklórica (puede pensarse que eran honrados aficio- 
nados), pero quienes trabajaron con esos riquísimos 
materiales que se conservan en el Instituto de Litera- 
tura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras 
de la Universidad de Buenos Aires, eran en cambio 
expertos en estas lides. Uno de ellos, Ismael Moya, de 
indiscutible talla^ recoge en el segundo volumen de 
su Romancero una versión de **Tomás Paredes" 
recolectada en San Luis, provincia mediterránea ar- 
gentina, que no es otra cosa que la composición de 
Elias Regules con pequeñísimas variantes y un es- 
trambote final, este sí de indudable prosapia folkló- 
rica. Este estrambote consiste en dos estrofas nuevas 
que, a manera de "moraleja^* se agregan a las bien 
conocidas de la paródica invención de Regules sobre 
el esquema del Viejo Vizcacha. Dice así: 

...Bajen ángeles del cielo; 
ayúdennien a sufrir 
hasta la hierba que pito 
ha de dar en contra mí. 

Se murió el viejo Paredea; 
se acabaron miserableg 
la historia queda en los libros 
para que la cuenten los pobres/* 

*'E1 Viejo Paredes" que es la relación del pechador 
de la obra escénica de Regules El entenao, estre- 
nada por Podestá a fines de 1892, había aparecido 
desde la primera versión de los Versitus criollos 
impreso dos años étepuÍB. 



PROLOGO 



Una vez más repitamos qtie los bechos folklóricos 
no son folklóricos '^per se'^ sino que están '^en es^ 
tado folklórico" cuando se hallan condicionados por 

ser euparvivencíaa, y caracterizados a menudo por ser 
orales, anónimos, funcionales, colectivos, tradiciona- 
les, espontáneos y vulgares^ 

En nuestros viajeg de recolección folklórica por el 
Uruguay iniciados en forma sistemática en 1943 re- 
gistramos ya en disco al comienzo, ya en cinta mag- 
nética luego, más de 4.000 melodías entre cuyas le- 
tras aparecieron varias veces los versos de Regules. 
Los informantes, a menudo ignoraban quién era su 
autor y cumplían con todas las otras notas caracteri- 
zadoras que hemos enumerado. El texto de Regules, 
en ese momento, estaba en estado folklórico* 

« # « 

El último punto a plantear en este pórtico a los 
Versos criollos es el que corresponde al plano de la 
doctrina del ^tradicionalismo"' que intersecta los tres 
planos anteriores y que, indudablemente, fue creada 
por él en forma institucional al fundar el 25 de agosto 
de 1894 la Sociedad Criolla con otros 32 orientales 
— todo fue calculado : Treinta y Tres Orientales un día 
de "íiebta patria'' — bajo k carpa del Circo Podestá- 
Scotti en Montevideo. 

A la semana, el 2 de setiembre. Regules leyó en el 
paseo a la quinta de Risso el primer manifiesto de la 
novísima institución que, con otros que elaboró pos- 
teriormente, sentó las bases del tradicionalismo y dio 
origen a innumerables instituciones de esta índole 
que viven boy en Sndamérica, pcxr lo nomm todas ha 

xxvn 



PBOX.OGO 



que existen en el Uruguay, la Argentina y el sur del 
Braeil, hasta donde llega nuestra información. 

Pero el tradicionalismo de Regules era activo y 

crítico, contra lo que se cree comunmente. No se tra- 
taba de tradicionalizar prepotente o beatíficamente 
todo, sino aquello que convenía al mejoramiento de 
la colectividad ya en el orden espiritual, ya en el ma- 
terial y dar a ese "corpus" doctrinario una cohesión 
anímica. Ahora que lo que él creía que era un me- 
joramiento puede pensarse que a veces no era tal. 
Pero lo hacia honradamente y con un ^^realismo^* que 
aún hoy asombra. 

Regules no acataba a ciegas todo lo que venía por 
la línea de la tradición. Por ejemplo: era tradicional 
curar la "culebrilla" con ^^santiguados'". Como médico 
higienista que era, batalló largamente no sin cierta 
sorna contra esta práctica. Era tradicional calarse el 
pesado birrete en la colación de grados de la Univer- 
sidad de Montevideo. Pues cuando tenía 18 añog fue 
suspendido por dos años en la Facultad de Medicina 
y amonestado severamente por negarse a esta tradi« 
cionalísima práctica: **La8 Universidades — son sus 
palabras — que para la recepción de grados imponen 
ceremonias ridiculas, son un vejamen al adelanto del 
siglo XIX... ''^^ 

Regules estaba firmemente plantado en su medio y 
no se dejaba rebasar ni le hacia el juego a quienes 
querían arrastrarlo a una cómoda actitud pasatista 
para seguir bajo cuerda con sus turbios manejos, con 
sus oligarquías secretas o descaradas. Desde luego que 
tampoco le hacía gracia el petimetre criollo que ponía 
los ojos en blanco a todo lo que llegaba de París, al 
mismo que detestaba a los malolientes paisanos orien- 
tales» la sal de la tierra^ los pobrea. A estos ''mozos 



xxvm 



PUOLOOO 



bien" los castigó con sus celebradas décimas que aún 
hoy todo el mundo repite. A los primeros, los sofrenó 
con varios versos de musitada violencia (de ^^conte* 
nido social'^ se diría hoy en una socorrida expresión), 
en favor de sus compatriotas pobres y sometidos a 
injusticia por ello mismo: 

».."el perseguido del juez» 
el entenao de esta tierra 
que es el primero en la guerra 
pa ser última después.».** 

(De El Eattnao) 

..."Naide lo ampara dí cuiday 
Naide le ofrece perdón, 
que la carne de cañón 
7 el siervo de mil señores 
no tiene más defensores 
que su astucia y su facón^..** 

(Sin Derechos) 

..."[Pobre gaucho! ¡si oí eacar 
su sable por su bandera, 
fuese algo más que escalera 
donde otros van a pisar l..." 

(De Vuelta) 

En otros casos se anticipa a Florencio Sánchez (Ba^ 
rranca abajo), a Ernesto Herrera, (El león ciego) o 
a Justino Zavala Muniz (Fausto Garay un caudillo), 
con estos vigorosos versos cpie aparecieron por pri- 
mera vez en la edición de 1900: 

. » .^'Nacido para señor 
de la selva que domina 
ha sembrado la colina 
de hidalguía y de valor* 



Hombro de alma saperíor 
supo ser luobls y auatero, 
su palabra fue de aceio, 
no precisó doGumentos 
y cumplió sus juramentos 
como el mejor caballero. 

Hoy no >ale una pitada 
porque no se necesita, 
boy es de raza maldita 
que Ao Birre para nada. 
Si tuvo alguna jornada 
de la que quede el reflejo, 
es sólo recuerdo añejo 
que debe ^er olvidado, 
aunque sea oro sollado 
es ofo... bastante viejo.,.** 

(Oro Viejo) 

La doctrina del tradicionalismo no surgió como un 
OCIO literario ni como m amor estúpido o irrazonado 
hacia los buenos tiempos viejos; mucho menos como 
justificación placentera de una clase patricia que de- 
clinaba en su poderío económico frente a una pe- 
queña burguesía que iba quedándose con sus rentas 
y propiedades. Debemos decirlo con claras palabras: 
nació contra los inmigrantes, contra los braceros que 
desplazaban con sus bajos salarios — y sus buenas 
ganas de trabaj ar — a loa campesxnog de estas tie- 
rras (por curiosa paradoja hoy el tradicionalismo es 
fuente de integración social: gran parte de sus adep- 
tos son criollos de primera generación que honora- 
blemente quieren entroncarse con las raices sociales 
del país, lo cual está muy bien y justifica ampliamente 
la obra de las sociedades de esta laya). Pero en su 
época — fines del siglo XIX — esto hay que enten- 
derlo a la luz del hecho sociológico, es decir "como 
una cosa'' al decir de la ley fondamental de Durk- 



X9K 



héim; con la estricta frialdad un teorema matv^ 

mático que hay que demostrar. Después se verá las 
proyecciones que pueda tener, pero esto no cumple a 
la sociología sino a la política en el sentido más le* 
vantado. 

El Uruguay había recibido durante y después de la 
Guerra Grande finalizada en 1851 una pondcrable in* 
migración italiana, española y francesa, Angel Rama, 
en un lúcido comentario sobre Elias Regules^' re* 
cuerda las palabras redactadas por el autor de lo» 
Versos criollos en la polémica sostenida contra Car^ 
los Blixctt en 1894, Decía don Elias: 

'^La inmigración provechosa es la que, apareciendo 
atiompañada de grandes capitales, lleva a cebo me jot- 
ra* positivas, en cuya realización y sostenimiento apli- 
ca lag fuerzas locales, con efectivas ventajas para to- 
dos. No se halla en este caso la que ha venido con- 
tratada por algunos gobiernos antipatrióticos, esa que 
apastada por el hambre cróftica, salió de Europa 
para comer en el Uruguay el pan que debía corres- 
ponderle al paisano, la misma que sin destino inme- 
diato^ pisó nuestros mueUes con el estómago vacío 
para ir llenándoselo en un costosísimo Hoteil de In- 
migrantes y diseminarse dec^més por la República m 
más trascendencia que el perjuicio fiyidenUí de haber 
aumentado el divisor," 

Quien lea hoy este párrafo y se detenga sobre todo 
en aquello de una inmigración ^^acompañada de gran* 
des capitales^', piensa a primera instancia que Regu- 
Ifcg tenía la estructura mental de un "reaccionario''. 
Pero esto es un anacrónico: es querer esclarecer el 
pasado con los índices de medición y luego con los 
adjetivos que se inventaron luego para esclarecer el 
presente. Además, aislar este párrafo del contexto de 



XXXI 



FmOI.OGO 



BU doctrina, es drtilugio poco Kmpio, Hay que criti- 
carlo a la luz de su pensamiento entero y bien expli- 
citado^ y este pensamiento tiene sus sectores poco 
claros y aún erróneos, pero en su integridad o&tenta 
una pausada dignidad» Por ello formamos un apén- 
dice con 8U5 prosas tradicionalistas» El hombre orien- 
tal y por extensión el Hombre, debe encontrar en la 
relación entre sí mismo y la tradición críticamente 
depurada, una de las formag nobles de comportamiento 
societario (que^ además, no es la única)» 

El hombre nace condicionado — no calificado — 
por la tradición, pero esa tradición va a ser criticada 
por él consciente o inconscientemente, y luego acep- 
tada en parte y rechazada en parte aún en los más 
grandes y trascendentes movimientos del espíritu. De- 
cía Igor Strawinsky que ^^una tradición verdadera 
no es el testimonio de un pasado muerto ; es una fuer- 
za viva que anima e informa el presente. En cierto 
modo es cierta la paradoja de que todo lo que no es 
tradición es plagio...'^". 

La tradición, en muchos, es información ostentosa. 
Para ser asimilada en todos sus más esplendentes atri- 
butos, tiene que ser cultura, es decir, ^'categoría del 
ser'\ no del mero "saber", ni aun del "sentir", se- 
gún la fórmula de Max Scbeller* Debe llevarse como 
la piel, no como el vestido* Uno se da cuenta cuando 
una persona es inculta; no cuando es culta; porque 
en este último caso procede con tal natural gracia 
que nadie se percata de que es culta. 

Esta es la flor del tradicionalismo y no la osten- 
tación dominguera y prepotente, la peña bullanguera, 
la asociación de declamadores tradicionalistas. Regu- 
les, que fijó su doctrina, la cumplió a veces en sus 
versos más bellos, no en sus caballerías piafantes y 



XXXlí 



PROLOGO 



maturrangas de las conmemoraciones cívicas* Y fue 
en esos versos con levantada intuición creadora en 
que tocó los inefables extremos de la tradicionalidad 
en los rigurosos campos del aite. Dijo en una de sus 
'Velaciones para Pericón": 

.,/*Dios tr conserve tan linda 
guampíta de caracol 
espuma de apoyo gordo 
florcita de mirasol..." 

He aquí la copla^ la vieja copla hispánica que ha 
engendrado una hija americana que no desmiente su 
estirpe aunque se diferencie de ella. 

"¿Pero esto viene de España?*' dirá desilusionado 
algún tradicionalista distraído que cree que la cultura 
nace por generación espontánea, que es "autóctona", 
( ¡ Cómo si fuera ^'autóctona" la música precolombina 
— no ya sus supervivencias — que nos viene por el 
estrecho de Behring o por la Polinesia!) 

Sí, esa vieja copla hispánica es la madre* Pero esa 
copla hispánica, a su vez, tiene una abuela arábiga 
(el "zéjel") o romana o fenicia o qué sé yo. Pero 
yo vengo de mi madre. Y yo no soy mi madre. 

Lauro Ayestarán. 



3 



xxxin 



NOTAS 



1 La bibliografía de la obra de creación y compilación de 
Elias Regules publicada en vida del autor* puede articularse 
asi, por orden cronológico: 

13 Recules. Elías {1861-1929) 

Vendajes compresivos de la pierna Teais para optar 
al grado de doctor en Medicina y Cirugía. Montevideo, 
facultad de Medicina» 1BB3 37 p. 

2] Disposicioines legislativas nacionales con interés médt- 
co'legal ColecclonadaB PAra los estudiante* de la Fa- 
cultad de Medicina Montevideo, Imp Hural, 1692 60 p, 

3] Disposiciones Nacionales con interés médico-legal Co- 
leccionadas pira loa estudiantes de Medicina Monte- 
videoi Facultad de Medicina. Aula de Medicina Legal» 
1915 50 p. 

Dlilere en algunas disposiciones con la anterior. 
4] Disposiciones Nacionales de interés médico-legal. Co- 
leccionadas para los estudiantes de Medicina Montevi- 
deo, Imp- Artística de Dómale che Hnos,, 1924. 96 p. 
Difiere en varías disposiciones con las anteiiores 
5] Versitos crioUos Montevideo, Imp Rural, 1894 41 p 
6] Versos cnoUot. (2* edO- Montevideo. Imp- Latina, 1900. 
74 p 

Se suprime la composición ''iViva'" que no figurará 
en adelante y se alegan otras 
7} 3f «d. Montevideo. Talla. Grá&. Lacasaagne, 1906 OS 

P II 

Se agregan algunas piezas. 
8J 4a ed Montevideo» Talls. Cráfs Juan Fernández, 1911 
118 p n. 

Se agregan algunas piezas. 
91 5" ed. Montevideo, Lib Mercurio, 1915. 134 p. II. 

Se agregan algunas piezas 
10] 6» ed, Montevideo. Lib Mercurio, 1916 144 p. II 

Se agregan algunas piezas. 

11] 7* ed, Montevideo. Lib- Mercurio, 1922, 150 p II 

Se agregan algunas piezas 
12] Pasto de cuchilla, Montevideo, Tip. Criolla, 1904. 32 p 
13] Renglones sobre postales Montevideo, Imp La Rural, 

190B. 35 p. 

14] Vevnte centesimos da versos Para una estatua a Ar- 
tigas en la Sociedad Criolla. Montevideo» Talls Gráfa. 
Juan Fernández, 1911. 16 p. 



xxxnr 



PROLOGO 



15] MI pago. Montevideo, PeAa Hnoa*, 1^ 16 p. 
16] lAbertad o muerte, Montevideo. Lagomarslno Hnos, 
1925. 4 p 

17] hos ffua€hit08. Comedia cnolla. Montevideo, Peña Hnos . 
1027. 48 p. 

2 Eduabdo FabenX' Triste^ para canto y plano L-etra de 
Elias HegiUes Montevideo. Conservatorio Nacional de Música, 
1954. 

3 El arroyo descuidado, letra de ISUas ReguIeB, música 
de Eduardo Fabíni para 3 voces femeninas, bajos y orquesta 
iue estrenada en el Teatro Artigas dti Montevideo el 14 de 
octubre de 1924 por la Asociación Coral de Montevideo» bajo 
la dirección de Carlos Correa Luna. 

4 Laubo AyestahAn: La primitiva poesía gauchesca en el 
ÜTttguay, vol I Montevideo, £1 Siglo Oustrado, 1950, 

5 Emujo Comí El Gaucho, Buenos Aires, Editorial Sudame- 
ricana, 1945. 

6 Manuchd: Cielito, en 'El Recopilador^, Montevideo, 12 
de noviembre de 1831. 

7 AtrrOR Desconocido* Cotnbersocion de Ttctt v Cachangot 
en "El Domador". Montevideo. 19 de marzo de 1832. 

8 Autor Desconocido; Tónico para los salvages «míanos, 
tan hambrientos como rotosos que se hallan encerrados en 
la infeliz plaza de Montevideo, hoja, suelta impresa reprodu- 
cida en el artículo de Aquiles B Qribc: La Literatura de 
combate durante la Guerra Grande, aparecida en el tomo 
"Conferencias del curso de 1937". Montevideo» Instituto His- 
tórico y Geográfico del Uru^ay, 1938, p, 271. 

9 Hilario Ascasubi Jacinto Amores, gaucho oriental, ha- 
dándole á su paisano i^tnton Peñalva, en la costa del Que- 
guay, una completa relacidn de las fiestas dmcas, que para 
celebrar el aniversario de la jura de la Constitución orien- 
tal, se íiícicron en Montevideo en el mes de julio da 2833 
Según "El Universal", Montevideo 21 de setiembre de 1833 
publicóse en Montevideo y hallábase en venta en la librería 
de Ignacio Sulian La transcripción ha sido tomada de* 
HluiRio Ascasubi: Paulino Lucero ó Los gauchos del Rio de 
la Plata, Paría, Paul Dupont, 1872, pp. 1 a 33 

10 HitABio AscAsmi: Remitido, aparecido en "£I Conser- 
vador", Montevideo 24 de julio de 1847. Publicado luego en 
*'Paulino Lucero ó Los gauchos del Rio de la Plata" París 
Paul Dupont, 1873, pp 391-392, de donde hemos tomado esta 
transcripción. 

11 Hilario Ascasubi: j Véanlo a Espadín falstando al fiudo^ 
en "El gaucho Jacmto Ciéío", N« 12 Montevideo, iv de se- 
tiembre de 1843. 

12 HiLAitzo Ascasubi Paulino iMCero ó Los gauchos del 
Rio de ta Flota. Faris. Faiü Dupont, 1873, pp. 149-151. 

XXXV 



PROLOGO 



13 Pehico Cielo* composición en verao sin título publicada 
en el periódico *'£1 Defensor de las Lteyea"j Montevideo. 3 de 
diciembre de 1836 

14 Lavro AvestarAn: La prxmera edición uruguaya del 
Fausto de Estanislao del Campo. Montevideo. Universidad de 
la República, Departamento de Litei atura Ibero Americana, 
1959 

15 Rogelio Bitno Stívano* Dos noticias sobre el estado de 
los campos de la Banda Oriental al finalizar el siglo XVUI, 
en "Revista Histórica", Montevideo, Museo Histórico Nacio- 
nal, 1953, año XLVII, tomo XVIU, Nos. 52-54, pp. 346 y 381 

16 Ismael Moya: Romancero Buenos AireSi Facultad de 
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Ins- 
tituto de Literatura Argentina, t. TI, p 403. 

17 Horacio Abtuho Pebrer: Colacionen de grados^ disíiMti- 
V05 y colores en la Umuersidad de la República Monte^adeo, 
Rectorado de la Universidad de la República 19C3, p. 35 

IB Ancel Rama: Regules, inventor de la tradición, en 
"Marcha'*, afio XXIII, N« 1051. Montevideo, 24 de roar^o 
de 1961. 

19 Igor Sxbawxnsky: Poética Mtistcal (Traducción de Eduar- 
do Grau) Buenos Aires. Emecé, 1946, p. 79 



xxxvi 



EUAS REGULES 



Elias ReguIeB, hijo de Elias Regules y Manuela Uriarte« 
nació en Montevideo el 21 de muzo de 1861 y los veranos de 
BUS años de infancia y adolescencia tranacumeroii en el cam- 
po que poseían sns padrea sobie la costa del arroyo Malbajar 
próximo a la población de Sarandí del Yí, en el corazón del 

~ Uruguay. En 1873, radicado en Montevideo, ingresó en la 
enseñanza secundaria y el 10 de agosto de 1875 fundó la So- 
ciedad Universitaria, de tendencia liberal, que luego se fu- 
sionó con el Ateneo de Montevideo. En 1883 6e graduó de 
doctor en Medicina y Cirugía y dos años más tarde ocupó la 
cátedra de Anatomía en la Facultad de Medicina y de Hi- 
giene y Medicina Legal en la de Derecho: en este campo 
docente publicó varios folletos. En 1889 fue designado decano 
de la Facultad de Medicina, cargo que desempeñó hasta 1898. 
Hacia 1892 la compañía Podeetá-Scotti dio a conocer sus 
obras teatrales El cntenao y La viveza de Jiiancito, y poste- 
riormente su adaptación escénica del Martín Fierro de Her- 
nández. En 1894 cumplió tres importantes tareas: estrenó en 
Paysandú su obra teatral más conocida, Los guachitos^ fundo 
la "Sociedad Cnolla" juntamente con treinta y dos compa- 
triotas, inicial institución tradicionabsta en América, y publicó 
la primera edición de sus Versitos cnollos. En 1898 fue de- 
signado miembro del Consejo de Estado durante el gobierno 
de Juan Lindolfo Cuestas y al año siguiente fue electo dipu- 
tado por el departamento de Rocha en Tepresentación del 
Partido Constitucional. Durante la revolución de 1904 coman- 
dó la expedición sanitaiía a Masoller y en ese mismo año pu- 
blicó su folleto Pasto de cuchilla. En 1922 fue nombrado 
Héctor de la Universidad» cargo qne ocnpó Kasta 1928. Al 
ataidecer del 4 de noviembre de 1929 falleció repentinamente 
en su chacra ^Ta Margarita" en las afueras de Montevideo, a 
los 68 años de edad, después de haber visto crecer y desa- 

- rrollarse por toda América laa instituciones tradicionaliatas 
cuya doctrina inicial, precisa y crítica» promoviera a fines 
del pasado siglo. 



xxxvn 



CRITEmO DG LA EDICION 

El modelo de la presente edición de los Versos erioUos 
corresponde a la séptima, impresa en Montevideo, TaUs. Giái 
de Id Lib. Meicuríoy 1922, la última que conigió en vida au 
autor. Regules publicó en ''£1 Fogón", en otras revistas y en 
folletos un elevado número de poesías de circungtanciaB que 
fomiirían ua volumen equivalente al de los Versos criollos. 
Pero su voluntad implícita de no cobijarlas (salvo algunas de 
ellas) bajo este título, está bien clara, ya quo pudo hacerlo 
^ y no lo hizo ^ en la nltima edición que corrigió personal- 
mente. Originalmente» el título de la primera edición de 1894, 
fue V erutos criollos; a partir de la segunda, aparecida en 
1900, su título paaó a inscribirse como Versos criollos. 

La presente publicación, conserva la puntuación original 
pero se atiene a las nuevas normas de la Academia Española 
en lo que se refiere a la acentuación. 

L, A. 



xxxvm 



VERSOS CRIOLLOS 



RUMBO 



No hay luz. Una sombra ya 
ha borrado el horizonte, 
y en la cuchilla y el monte 
la noche durmiendo está. 
En vano la vista va 
buscando extraño fulgor, 
que al mirar en derredor, 
todo el espacio apagado 
parece un mundo enlutado 
por implacable dolor» 

Morales, el paisanito 

de las costas del Tornero, 

va en el lomo de su overo 

caminando al trotecito. 

Lleva el rumbo bien escrito 

en su mente y en su tino, 

que hasta la *^Estancia del Pino", 

conclusión de sus jomadas, 

hay diez leguas acostadas 

a lo largo del camino, 

Y entre el monótono ruido 
del trote lento y pesado, 
y el barullo del recado 

que se queja de oprimido 
y entre el alegre silbido 
y la marcha acompasada 



[3] 



ELIAS BEGUI-ES 



de la coacoja bordada 

que se entretiene rodando, 
él va la noche escarbando 
con golpes de su mirada* 

Pisa lomas, cruza el Hano, 
pasa el arroyo y la sierra, 
como arreglando la tierra 
con la palma de su mano. 
Y es tan seguro baqueano 
aquel resuelto jinete, 
que, cual si fuera un juguete^ 
abraSf sendas y picadas 
parece que están atadas 
al cabresto de su flete. 

Sigue el viaje, y olvidado 
de estudiar el derrotero, 
piensa un rato, placentero, 
en la prenda de su agrado* 
Un pañuelo que le ha dado, 
lleva al cuello como seña 
de su esperanza risueña, 
y con febriciente anhelo 
besa agitado el pañuelo 
como si fuese a la dueña. 

Corta campo, bien seguro 
de no errar una pulgada, 
y la gramilla aplastada 
gime sobre el suelo duro. 
No demuestra gran apuro 
de dar fin a su esccursíón^ 
y con la firme intención 



[4] 



VERSOS CRIOLLOS 



de pronto encontrar la Estancia^ 
mata el tiempo y la distancia 
entonando un pericón. 

En la larga travesia 
recorre todo el pasado: 
un recuerdo perfumado, 
otro con melancolía; 
y siempre atento a su guía, 
se ve pintado en su ceño 
que lucha con liel empeño 
para dejar derrotadas 
las guerrillas avanzadas 
del ejército del sueño. 



Y cuando el sol despertaba 
para alumbrar el camino, 
en esa "Estancia del Pino" 
Morales desensillaba. 
Poco después se sentaba 
con el mate y la caldera 
dejando gruesa bajera 
sobre el lomo del overo, 
como recurso certero 
de sabia higiene campera. 



[5] 



MI TAPERA 



Entre los pastos tirada 
como una prenda perdida, 

en el silencio escondida 
como caricia robada, 
completamente rodeada 
por el cardo y la - flechilla 
que, como larga golilla, 
van bajando a la ladera, 
está una triste tapera 
descansando en la cuchilla» 

Allí, en ese suelo, fue 
donde mi rancho se ababa, 
donde contento jugaba, 
donde a vivir empecé, 
donde cantando ensülé 
mil veces el pingo mío, 
en esas horas de frío 
en que la mañana llora 
cuando se moja la aurora 
con el vapor del rocío. 

Donde mi vida pasaba 
entre goces verdaderos, 
donde en los años primeros 
satisfecho retozaba, 
donde el ombú conversaba 
con la calandria cantora. 



[7] 



ELIAS HEGTTXJSS 



donde noche seductora 
cuidó el sueño de mi cuna 
con un beso de la luna 
sobre el techo de totora* 

Donde resurgen valientes, 
mezcladas con los terrones, 
las rosadas ilusiones 
de mis horas Inocentes; 
donde delirios sonrientes 
brotar a millares vi, 
donde palpitar sentí, 
llenas de afecto profundo, 
cosas chicas para el mundo 
pero grandes para mí. 

Donde el aire perfumado 
está de risas escrito, 
y donde en cada pastito 
hay un mnierdo clavado; 
tapera que mi pasado, 
con colores de amapola, 
entusiasmada enarbola, 
y que siempre que la miro 
dejo sobre ella un suspiro 
para que no esté tan sola» 



[8] 



DE "EL ENTENAO" 



Soy el criollo americano 
de este pedazo de cielo, 
soy el hijo de este suelo, 
soy el alegre paisano. 
Soy el gaucho campechano 
de alma noble y corazón, 
que pasiando en redomón, 
echao pa atrás y muy ancho, 
vivo feliz en mi rancho 
hecho de paja y terrón. 

Soy el de cara tostada 
que haciendo sonar el basto, 
voy acariciando el pasto 
y pasando la cañada. 
Soy el de juerte mirada, 
soy el duro pa morir, 
el condenado a vivir 
entre sauces y totora, 
soy el gaucho que no llora 
pero que sabe sentir* 

Soy el risueño cantor 
que a la música escuchando, 
voy con sonrisas cantando 
lo más lindo y lo mejor. 
Soy también el payador 
del lastimero cielito 



[9] 



TUAS REGULES 



qut? al compás de un estilito, 
en horas negras^ sin calma, 
saca una pena del alma 
y la tira al infinito* 

Soy el taita que retruca 

generoso y altanero, 

el que saluda al pampero 

con el sombrero en la nuca, 

el que peliando se educa, 

y apriende a golpe y revea, 

el perseguido del Juez, 

el entenao de esta tierra, 

que €3 el primero en la guerra 

pa ser último después. 



[10] 



LA CRIOLLITA 

Soy la fresca y linda polla 

Soy la criolla 
De este suelo celestial^ 
Yo soy Juana la chinita 

Más bonita 
Que pisó tierra Oriental. 

Soy el suspiro primero 
y hechicero 

Que la América exhaló; 
Y en un beso de la aurora, 

de su flora 
Perfumada nací yo. 

Soy la prenda acariciada 

Por mirada 
De americano galán^ 
Que con garbo que me asombro 

Verde alfombra 
Va pisando en su alazán. 

Soy el ensueño atrevido 

Producido 
Por sonrisas del amor» 
Que hasta el cíelo^ cuando canta, 

Le levanta 
Las cuerdas al payador. 



[11] 



DE "LOS GUACHrrOS" 



Entre circular guirnalda 
se destaca el suelo agreste 
y un manto de tul celeste 
cubre la verde esmeralda» 
Desde la cumbre a la falda 
corre un hilo cristalino, 
y el valiente torbellino 
rodando con gentileza 
rompe la dura maleza 
del terreno campesino. 

El arroyo descuidado 
moja jugando la orilla, 
donde bebe el coronilla 
y el sarandí colorado. 
Como concierto soñado 
en la selva virginal, 
alegran el pajonal 
loa gritos del terutero, 
los redobles del jilguero 
y las quejas del zorzaL 

De invisible surtidor 
y en cunita perfumada, 
al cortar una mirada 
nace sonriente el amor. 
Titánico, seductor, 
gasta tímido lenguaje, 



[13] 



ELIAS REGUIiES 



pero es de noble linaje, 
amor delirante y ciego, 
amor de vida, de fuego, 
con ribetes de salvaje. 

Esa es la tierra tendida 
desde el Uruguay al Plata 
que su bandera desata 
orgullosa y atrevida. 
Esa es la tierra querida 
con cariño colosal, 
69 la tierra celestial 
que adoro con frenesí, 
la tierra en que yo nací 
el lindo suelo orientaL 



[U] 



A ENRIQUE CASTRO 



Con molivo de su viaje a París. — 1886 

Por más que le hice dentradas 
con el pingo sobre el freno, 
por más que me le hice el güeno 
en muchas atropelladas, 
por más que mis puñaladas 
trataron de hacerle estrago, 
por más que le puse halago 
en el modo de decirle, 
no he podido descubrirle 
porque se nos va del pago. 

Usté tendrá sus razones 
de bastante fundamento, 
pa ir a resollar el viento 
que sopla en otras naciones. 
El porqué de sus aiciones 
naide debe averiguarlo, 
pues, puede tal vez llevarlo 
de esos páises al encuentro, 
algo que le suene adentro 
y que no quiere mostrarlo. 

Ansí, amigo, yo respeto 
su risolución sigura 
y, aunque la cosa sea dura, 
en la causa no me meto. 



[15] 



ELIAS REGULAS 



Pero no me dará un reto 
si le llego a declarar, 
que es para hacer redamar 
muchas lágrimas sentidas^ 
dejar las cosas queridas 
del otro la o de la mar. 

Usté que siempre ha tenido 
un corazón bien labrao^ 
usté que ha redomoniao 
sin estropiarlo el sentido, 
usté que siempre ha vivido 
en el rancho en que nació, 
usté que bravo pelió 
por la honradez de su nombre 
sabrá lo que cuesta al hombre 
dejar lejos lo que amó. 

Por eso, es juerte y tristazo 
y al más duro le hace herida, 
el adiós de despedida 
al lao del último abrazo. 
Por eso, usté en este caso, 
con su alma noble y sencilla^ 
ha de tener como quilla 
pa dirse del Uruguay, 
voluntá de ñandubay 
con cuñas de coronilla. 

Vaya nomás amargao, 

que es justo su desconsuelo, 

a buscar en otro suelo 

lo que en este no ha encontrao. 

Pero ponga su cuidao 



[t6] 



VERSOS CRIOIiOS 



dende que empiece a viajar 
pa no llegar a olvidar, 
allá entre tanto manate, 
al país donde se usa el mate, 
el poncho y el chiripá» 

Será muy linda la Uropa, 
será muy sabia su gente^ 
allí será inteligente 
hasta el cuchillo y la ropa, 
tendrán sombreros de copa, 
tendrán lo que naide halló, 
verán lo que naide vio, 
será aquello linda estampa, 
pero es más linda la Pampa 
para el que pampa nació. 

Usté, allá, en esos momentos 
en que el silencio es gobierno, 
mate su aparente invierno 
al sol de sus sentimientos; 
y pa endulzar los tormentos 
que le dé su situación, 
enciérrese en su galpón, 
lejos de franceses lerdos, 
a chupar con sus recuerdos 
un sabroso cimarrón* 

Ricuerde siempre este suelo 
que, aunque pobre y desgraciao, 
es donde usté ha respirao 
el aire que tapa el cielo. 
Ponga tuito su desvelo 
y la juerza de su vida, 



[17] 



ELIAS REGULES 



en la tierra preferida, 
por donde quiera «pie ande, 
que la patria es cosa grande 
aunque la veamos caída. 

Vaya, aprienda de una vez 
y cargue bien las carretas, 
y hasta en las mesxuas maletas 
traiga cencía del francés, 
y vuélvase pronto, pues 
por cuchillas y vertientes 
andan pidiendo inclementes 
los criollos, nuestros hermanos, 
muchos dolores paisanos 
y sobre todo» decentes. 



[18] 



PARA PERICON 



CabaUero. — Yo fui matrero de ley 

que naides me pudo hallar^ 

y únicamente tus ojos 
me llegaron a agarrar. 

Señorita* — Si mis ojos han prendido 
a un matrero tan pintor, 

yo lo tendré bien seguro 
en el cepo de mi aiTior. 

C — Si Dios llega a conocer 
el amor de una paisana, 
se va a poner chiripá 
pa ser cuñao de tu hermana. 

5. — Déjalo a Dios en el cielo 
que nos sirva de testigo, 
mientras haya paisanitos 
como el que baila conmigo. 

C. — Una tarde de verano. . . 
un ranchito y un omhú . , . 
una calandria cantando. . . 
y en el ranchito. . . yo. . . y tú. 

5. — Una mañana temprano . . . 

tú con tu perro y tu pingo . , . 
yo te alcanzo un mate amargo . . , 
y tú me besás . . ¡Qué lindo! 



[ 19] 



ELIAS REGUIO 



C — 'Ya tengo un sauce elegido 
pa cruz de mi sepultura, 
si no llego a conseguir 
ser dueño de tu hermosura. 

S. — Sí me llegás a probar 

que en tus dichos no mentistes, 
no se ha de cortar el sauce 
pa lo que vos lo elegistes. 

C. — -Hay tanto fuego en tu cara, 
que cada ojo es un fogón, 
y cuando me encuentro cerca 
estoy como chicharrón. 

S. — Mis ojos no son tan fuertes 
pa quemarte carne y cuero; 
más que mis ojos, te queman 
las bebidas del pulpero. 

C« — Tu amor es un rebencazo 
que me dejó bellaquiando, 
y aquerenciao en tu pago 
ando al trote y relinchando, 

5. — Si tanto te gusta el pago 
y mi querencia te agrada, 
que te ponga marca el cura, 
y entrarás en la manada. 

C. — Hermosa vaquilloncita, 
linda potranca divina; 
pa este mancarrón maceta 
serás la yegua madrina. 



[20] 



VERSOS CRIOI^LOS 



S. — Son floridas tus palabras 
y muy buenas tus razones, 
pero sabrás que be resuelto 
no hacer caso a mancarrones. 

C. — En la huerta de mi pecho 
sembré de tuitos tamaños, 
unas cuantas esperanzas, 
y nacieron desengaños* 

5. — De los huevos de ñandú 

nunca se han sacado gallos, 
y aquel que siembra esperanzas 
no ha de recoger zapallos. 

C— Aquí clarito me ves 

que poT tu amor, con locura, 
estoy como parejero 
muy pasao de compostura. 

S. — 'Siento tu padecimiento, 

y si esperas que te quiera, 
para no descomponerte, 
que te pongan en salmuera* 

C— En el jardín de tu casa 
una linda flor nació, 
y quedó seca de envidia, 
la mañana que te vio. 

5. — Si esa historia ha sucedido 
como la contás aquí, 
la flor debió ser ciega 
si tuvo envidia de mí. 

[21] 



ELIAS REGULES 



C. — El pulpero se jue a Uropa, 
el patrón pa la ciudá, 
y yo me vine a tu casa 
pa mejor felicidá. 

5. — No hay duda, pero mi padre 
dice que no le reciba, 
que vos no venís por mí^ 
sino por comer de arriba. 

C. — 'Dios te coDsen-e tan linda, 
guampita de caracol, 
espuma de apoyo gordo, 
florcita de mirasol. 

Facha de tala sin hojas 
nacido en algún cardal, 
carona dura sm jergas, 
Dios te guarde tan bagua]. 

Dende que te vi en el baile 

me tenes redomoniao, 
porque la mirada tuya 
es como pial de volcao. 

S. — Porque te miré una vez, 
llegaates a redomón; 
ai yo te vuelvo a mirar, 
vas a quedar mancarrón. 



a— 



[22] 



UN MOZO... BIEN 



Un joven de gran honor 
por ser de familia. bien, 
a la Estancia del Edén 
fue por orden de un doctor, 
para curarse un dolor 
que tenia en el frontal. 
¡Qué mozo tan celestial! 
¡lan delicado! Jtau puro! 
¡qué criollo para un apuro! 
¡qué sienes. . . para un bozal! 

Llevaba cuatro cajones 

con sus trajes y sus cosas, 

polvos, aguaa olorosas 

y perfumados jabones, 

cuarenta y tres pantalones, 

diez levitas y también 

llevaba para el Edén 

un salvavida seguro. 

¡Qué criollo para un apuro! 

¡cómo no!« , , si es mozo« * « bien. 

En la estancia, al otro día 
de llegar aquel bendito^ 
le mostró un buen paiaanito 
el recado que tenia; 
y con mu<^a algarabía 
le llamó peto. . . al pretal* 



[231 



ELIAS REGULES 



a las caronas , . . el frac 
y al cojinillo»., felpudo. 
¡Qué cuarta para un peludo! 
¡Qué sienes... para un bozal! 

Y en su charla la peonada 
decía» mirando al pueblero: 
¡qué bagual. . . pa un entrevero 
el zaino de la manada! 
No cae. . « la leña cargada, 
te juego dos mil a cien: 
y él desconfiando recién, 
señores, dijo, es preciso 
que no me tomen por guiso 
porque soy un mozo. . bien. 

Vio una trilla y asombrado 
gritó. . . "'Cuidado las coces 
de tantas bestias íeroces 
que han puesto en ese cercado". 
Le llamó liebre. . . a un venado 
gramilla fuerte* a un trigal, 
plaza desierta... a un corral 
y a un carpincho. brava fiera, 
¡Qué frente... para testera! 
¡Qué sienes.., para un bozal! 

Presenció una hermosa hierra, 
una esquila y otras cosas, 
y dijo: son horrorosas 
las prácticas de esta tierral 
-Todo, lo que aquí se encierra 
¿Quién lo habrá inventado? ¿quién? 



VERSOS CRIOLLOS 



Agitada está mi sien, 
jamás tanto horror be visto. 
¡Qué criollo, por Dios! ¡Qué Cristo! 
conocerá un mozo« • • bien. 

No pudo comer asado 
por no encontrar tenedor, 
casi murió de calor 
por no andar desabrigado. 
A un baile que fue invitado 
cayó de frac, muy formal, 
y un paisano muy jovial 
dijo: No ha venido al ñudo^ 
delen puerta a ese coludo, 
que le voy a echar un piaL 

Por fin, bastante aburrido 
dijo: Ya baata de penas, 
estas fiestas no son buenas 
para un hombre bien nacido. 
Doy todo por concluido 
y salgo de este Belén, 
me voy a tomar el tren 
y llevaré en mi memoria 
esta pobre y triste historia 
que le pasó a un mozo. . . bien. 



125] 



PAYADA 



X — Ya estamos en el camino, 

prepárese compañero, 
acomódese la vincha 
y monte su parejero» 
que la vamos a correr 
con empeño y afición» 
y el que gane ha de meniar 
mucho rebenque y talón. 

— Me gustó la convidada, 
y ya que prontos estamos, 
doy por hechas las partidas 
y le grito juerte: vamos. 
Si 8u pingo es ligerón 
bájele nomás la mano, 
y cánteme lo que sepa 
sobre el gaucho americano. 

X — No se va a dir con las ganas, 
pues el gaucho, a mi entender, 
es el tipo de una raza 
que no se debe perder. 
Es el hijo de los campos, 
que da pan a la ciudá, 
es el brazo que al pueblero 
le dio patria y liberta. 

2. — Ya se florió demasiao 
en la milonga, amigazo; 

[27] 



s 



ELIAS REGULES 



yo le pedí la presilla, 

y usté me dio todo el lazo. 

Me ganará, pues ya veo 

que tiene recursos fijos; 

yo soy solo con . . , hermanos, 

y usté es con. . . padre y con tíjos^ 

X. — No soy compadre; se engaña^ 

que en esto no hay compadrada, 

y la juego porque tengo 

la guitarra bien templada» 

Cada cual tiene su gracia 

en este mundo paisano; 

yo en el canto soy un taita, 

y usté es pa, bo,., liar baquiano. 

Z. — No tan pavo como usté 
se imagina, ^o Mateo; 
mire que hay de muchas marcas 
en el ganao de un rodeo. 
Tal vez los cantos se pasan 
con cantores muy filosos; 
mis versos son desabridos, 
los suyos son 505... pechosos. 

jf. — Mis versos no son tan zonzos 
como usté,., se lo figura; 
parece que mi recao 
le apretó la matadura. 
Y si se tiene por guapo 
pa trenzarse mano a mano, 
tiemple y cante lo que guste 
sobre el amor del cristiano. 



[28] 



VBBSOS CRIOLLOS 



Z. — El amor es un suspiro 

que va a perderse en la nada, 

es el vicntito y la luz 

de una linda madrugada. 

Es olorcito de flores 

que a uno lo deja almariao, 

y está sonzazo de veras 

el cristiano enamorao. 

X. — Declaro que me gustó 

su rilación soberana, 
cortita, pero de juerza 
como clavo de picana; 
y si le sobra encordao^ 
dé gracias a la reunión, 
que ha escuchado la payada 
con demasiada atención. 



[29] 



DESPEDIDA 



Yo también puedo tener 
de afectos el ahna llena, 
que donde vive una pena 
puede brotar un placer. 
Pues en todo hay, a mi ver, 
dulzura con esplendor: 
el tigre tiene su amor, 
su cariño la paloma^ 
la rosa brinda su aroma, 
y hasta el cardo tiene flor. 

Tu voz, al decir cantando 
lo que tu pecho cultiva, 
es una voz que cautiva 
y deja el alma penando. 
Pero yo, que voy sembrando 
el dolor que recogí, 
no quiero pagarte a ti 
con lo que puedo ofrecerte, 
no quiero enlutar tu suerte, 
con las penas que hay en mi. 

Tú eres el cariño tierno, 
yo, la queja lastimera; 
tú, la alegre primavera, 
yo represento el invierno. 
Tú eres el delirio eterno 
de las dichas encantadas; 

[31] 



ELIAS REGUUSS 



yo, las congojas lloradas 
con lágrimas inocentes, 
y dos cosas diferentes 
deben estar separadas. 

Tú eres el lucero hermoso 
que en la mañanita asoma^ 
enamorando la loma 
con su rayo cariñoso. 
Eres el ángel dichoso 
que me viene a seducir; 
pero le debo decir 
a tu canto enamorado: 
ya he sufrido demasiado, 
quiero tranquilo morir. 



1321 



EL VIEJO PAREDES 



Do "El Entenao*'. — Rdaoión del pechador 

Y pa alegrar la reunión, 
con el permiso de ustedes, 
voy a contarles la historia 
del viejo Tomás Paredes* 

Hombre neo por demás 
y de fortuna cerrada, 
con ocho rodeos de vacas 
y mucha plata enterrada. 

Cuando tenía que carniar 
sus vacas no estaban güeñas, 
y pa comer carne gorda 
voltiaba vacas ajenas. 

Con las carnes hacía charque 
pa vendérselo al pulpero, 
y él se comía las pezuñas 
con las garritas del cuero» 

Una ocasión envitó 
pa una grande comilona, 
y presentó al asador 
dos pedazos de carona. 

I [33] 

I 
I 

! 
I 



ELIAS REGUUSa 



Cuando estaba lesfríao, 
por no tener mucho gasto, 
se limpiaba con la jerga 
o se arrastraba po el pasto. 

Usaba el agua salobre 
pa no gastar en salmuera, 

y llevaba sus apuntes 

en unas hojas de higuera» 

Pitaba piola picada^ 
hacía vino con tomate 

y en unos botines viejos 
era que tomaba mate. 

Con cerda y lana de oveja 
hacía cabrestos y lazos 

y andaba en caballo herrao 
pa no gastarle , , * los vasos. 

Montaba con una silla 
pa conservar el estribo, 

y una vez perdió un dinero 
por no entregar» - . el recibo. 

Y al final, en un arroyo, 
como no quería dar nada, 
por no dar... un grito fuerte 
lo llevó la correntada. 



[34] 



AL GAUCHO SIERRA 



Amigazo: ya he mirao 

la versada pistonuda 

que ustó, con juerza morrudai 

en *'E1 Pepino" ha largao 

pa un dotor aficionao 

a las costumbres de acá, 

que cuando templao está 

se olvida de sus leturas 

y canta las aventuras 

del hombre con chiripá. 

Muy por demás he sentido 
que el dotor esté ocupao, 
con uno que se ha enfermao 
de un daño que le han metido* 
El dotor le ha prometido 
de que se lo va a sacar, 
y ansina le ha hecho tragar 
dos coyundas y un sobeo, 
pa alazar el bicho feo 
y en un petizo cinchar. 

Por eso» me dijo al dir 
pa casa del apestao: 
contéstale a ese mentao, 
que yo no puedo escrebir. 
Decile que al recebir 
su diario tan hien eacrito» 



ELIAS REGUUSS 



pegué tamañazo grito 
por sus décimas de acero, 

más finas que parejero 

y más criollas que un ranchito. 

Deoile que esa mozada 
enemiga del gauchaje, 
no conoce el paisanaje 
de esta tierra desgraciada. 
Que se quedaría asombrada 
si viese al gaucho cumplido, 
lindo, bizarro, fornido, 
generoso y de concencia, 
redamando inteligencia 
hasta pa dar un quejido. 

Decile que ese gauchito 

que monta el potro y lo doma, 

el que corre por la loma 

y duerme en cualquier bajito, 

el que luchó bravo al grito 

de libertar la Nación^ 

el que a golpes de facón 

compró el derecho a su cuero, 

es más hombre que el pueblero, 

ha nacido más varón. 

Decile que ese paisano 
lleno de juerza y de vida, 
es nuestra raza^ crecida 
entre los pastos del llano. 
Decile que es nnestro heimano 
con otra ropa veetido, 



[36] 



VERSOS CRIOLLOS 



del que nos han dividido 
vanidades que formamos, 
por cuatro libros que hojeamos 
sin haberlos entendido. 



y el dotor salió corriendo 

pa casa del desgraciao 
que tiene un daño ensartao 
con un empuje tremendo. 
Y mientras voy escribiendo 
estas letras que le mando, 
él estará tironeando 
con muchísimo tanteo, 
pa ver si afloja el sobeo 
y sale el daño bufando, 

El pión del dotor* 



137] 



EN VIAJE 



En el tren de la Frontera 
iban de viaje, solitos, 
el inglés Guillermo Monis 
y el gaucho Mariano Pitos. 

Serio el inglés meditaba 
sobre un negocio arriesgadoj 
de ganar veinte mil libras^ 
por prestar dos al Estado. 

El gaucho se entretenía 
en contemplar los paisajes 
que asoman, llegan y pasan 
en los carrileros viajes* 

Y aburrido del silencio 
de su mudo compañero» 
a las seis horas le dijo: 
Güeñas tarde, aparcero» 

Con mirada de balado 
se midieron los dos nenes, 
y el inglés, casi entre dientes, 
apenas respondió: Buenes. 

— ^Usté, que ha de ser nación 
—siguió charlando Mariano- 
sabrá por qué ese alambrao 
lo han hecho tan chabacano. 



[90] 



ELIAS REGTJUiS 



Con unoíi 
y dos aUmbres 
asujetaos 
bien 



postes grandotes 
en yunta, 
palo 

cei<^ita de la punta. 



De siguro que el patrón 

de esta eistancia tan mentada 



quiere 
engorde 



que 



O tal ves 
es puebi 
y por 



ero 
lerdo 



lo pitó 



—No 

¿y pa 

si el tren 
sobre los 



que 



Y dispar^ 
y vuelve 
sin precisar 
los alambres 



en un 



en campos ajenos 
animalada. 



este estanciero 
invernador, 
y maturrango 
alambrador. 



— No siñor; eses alambres 
están colocadea bien, 
son les hiles que se llame: 
telegrafe de la tren. 



^e embrome, don nación, 
tanto trabajo? 
reíala muy lindo 
fierros de abajo« 



y se asujeta, 
a salir annao, 
para nada 
del co8tao« 



— ^Usté amigue^ no comprende^ 
el alambie es por hablar 
decir: Ghé, preparase, 
la tren le[ voy a largar. 



[40] 



VERSOS CTOQUiOS 



— ¡Caray! , . . ¡a mí no me pita 
8Í ya me habían contao 
que los naciones charlaban 
gritando en ese alambrao* 

Una vez mandé un peoncito 
hasta el fondo de la estancia, 
y yo me juí a una cuchilla 
a dos leguas de distancia. 

Y bien j un tito al alambre, 
cuasi en los fierros trenzao, 
le grité» como diez veces: 
Giriacoy ¿me has escuchao? 

Pero el muchacho no oyó 
ni palabra ni bufido, 
y eso que se había ensartao 
un alambre en cada oído. 

Conque ansina ve, amigazo, 
que su cuento es pura bola; 
pensó echarla de coludo, 
y yo le corté la cola* 

— Déjate re cecarear, 
gauchili moi compadrón, 
orejes re galle vieje, 
fache re chive rabón, 

— ^No arrugue que no hay quien planche, 
. no cuelgue, que no es cencerro, 
malacara mal lambido» 
tuito afeitao a lo perro* — 



[41] 



gUAS KEGUUS 



Cf 5 



Yen 
llegaron 
donde 
bajó 



COjl 



i mismo momento 
a una Estación^ 
1 inglés muy callado, 
su balijÓD* 



— Adi 
no se 1 
y si le 
hable 



0$ — le dijo Mariano- 
vaya enojao; 
ocurre algo grave^ 
ptíT d alambrao. 



[421 



HORAS DULCES 



Con ardiente fantaseo 
aquel dichoso domingo 
Lauro engalana su pingo 
para risueño paseo. 
Lleva un brillante trofeo 
de prendas en bu tostado 
y corona au recado 
vestido de oro y de plataj 
un sobrepuesto escarlata 
de terciopelo bordado. 

Luce con gracia 7 soltura 
traje rural de paisano 
que al campero veterano 
le da vida y galanura, 
Y al recorrer la llanura 
y al pisotear la cuchilla, 
cuando su flete amartilla, 
parece el crioUito Lauro 
un elegante Centauro 
engarzado en la gramilla. 

Va con rumbo a la morada 
de la dueña de su mente, 
lo que con ansia vehemente 
lleva en el alma clavada. 
Hace al trote la jornada 
y al acercarse al ranchito» 

[43] 



TCT.TA fi REGULES 



Así 
la 

y 
y 

Ve: 



quien guarda un delito» 
muy fatigado 
a bien bu recado 
último bajito. 



Gom) 
suspira 

y ai regí 
en e 

Llega. La sencilla gente 
de aquella casa encantada 
lo rícibe entusiasmada 
con amistad elocuente, 
Lau^o nota una corriente 
que no puede dominarla 
y aunque resuelve ocultarla^ 
cuar do saluda a la rueda, 
hay una mano de seda 
que se estremece al tocarla. 

Corie una brisa de amor 
por el aire de la sala 
que dulcemente resbala 
entri sendas de rubor. 
El acuerda con vigor 
matar pueriles sonrojos; 
pero al templar sus arrojos 
para contar que delira, 
la palabra se retira 
y se avergüenzan los ojos. 



se agita un momento 
pásión correspondida 
ciece y toma más vida 
lusha con más aliento, 
ín^e al fin el sentimiento 
como en forma de locura; 
y eii instante de ternura» 



[44] 



VEBSOS CBIOLLOS 



con frases tibias y pocai^ 
8urgen de aquellas dos bocat 
mil ofertafl de ventura. 

Poco después, embriagado 
por una emoción extraña 
cruza la verde campaña 
el jinete del tostado. 
Siente un algo delicado 
que a definirlo no alcanza; 
y con ruda faz avanza 
mientraft esconde silbando 
recuerdos que van jugando 
con una fresca esperanza. 



[45 J 



A LOS REDACTORES DE "EL FOGON^^ 



JUUAN PERUJO Y CAUSTO EL ÑATO 

Con generosa atencióxi 
y una fineza exquisita 

me piden una cuartita 
para prenderla al Fogón. 
Esa hidalga petición 
es un lecursito al ñudo» 
pues el empuje morrudo 
de la yunta delantera 
basta y sobra donde quiera 
para salir de un peludo. 

Ustedes que, en vigor pleno, 
en mucho pago han corrido 
y a la raya se han venido 
haciendo temblar el freno» 
Ustedes que tiempo bueno 
han dado en toda ocasión 
y que tienen con razón 
fama vieja y pistonuda, 
no necesitan la ayuda 
de un potranco barrigón. 

Pero, por corresponder 
a tan honroso pedido 
que debe ser recibido 
con espontáneo placar, 



[471 



ELIAS REGULES 



«m >esará 



XDfí 

poniendío 
7 aunque 
ya que 
levantaré 
para 



entrar 



aquí 



Lo que 

con de 
de los 
que 
lo que 
a ios 
lo que 
lo que 
hay qu 
para " 



yo puedo pintar 
deslucidos colores 
gigantes actores 
í supieron brillar, 
conviene enseñar 

dos de ayer, 
Be debe ofrecer, 
ae puede decir, 
saberlo sentir 
llejgarlo a entender» 



Nadie 
entre la 
como bindera 
de propagandi 
Se hace 
merecido 
a la ley 
que impone 
tener 
por el 



En el 
y en el 
nb va 

de harblarie 
Va el 



a componer 

cuidado y tino; 
el éxito adivino, 
el momento me obliga, 
la barriga 

en el camino. 



levanta al gauchaje 
ciudad florida, 
atrevida 
[a salvaje* 
como un homenaje 
y natural 
univeriai 

sin condiciones 
afeccioBes 
nacionaL 



vivas 



suelo 



poncho 



y en la bota 
canto y en la espuela, 
clnocorrada una Isscuela 
o de chacota, 
del patriota, 



ouind 



[48] 



VERSOS CRI03UL0S 



Ta ua recuerdo persistente 
que, para honor del presente, 
las grande» prendas demuestra 
de una raza que es la nuestra, 
viva, sensible y valiente. 

Yo elogio la ilustración 
y a sus ventajas me amparo, 
como lo prueban bien claro 
mi vida y mi profesión. 
Pero la alta perfección 
que en la cultura se encierra, 
no ha aido grito de guerra 
para matar en mi pecho - 
el gusto franco y derecho 
por las cosas de mi tierra. 

El verdadero adelanto 
con la positiva ciencia 
debe nutrir la tendencia 

que da un sentimiento santo. 

Y si con cruel desencanto 

falsa civilización 

pide su condenación, 

no hay que aplaudir la proeza 

de alimentar la cabeza 

marchitando el corazón. 

Ya ven que no me lastima 
el que con golpe de cIs\'o 
me diga gmtcho algún pavo 
para ponérseme encima, 
yevo templada la prima 
y no mt pienso asustar; 

[49] 



EUAB RBQUUES 



ya terminé de ensillar^ 
tengo la rienda en la mano; 
que luene el clarín paisano, 
y eni [iecemOi « marchar. 



IM] 



POR ELLA 



Rozando el pecho en la arena 
sobre un bajo dilatado» 
corre un arroyo asustado 

como huyendo de una pena» 
Una silvestre azucena 
sonriendo en el borde está; 
canta en el monte un sabia, 
y- los ceibos, al dar flores, 
bañan sus lindos colores- 
en suspiros de arazá. 

Junto a la loma que baja 
por la pendiente cercana 
hay una vivienda humana 
vestida de barro y paja. 
La envuelve verdosa faja 
de frescos saúcos en flor, 
y en un ombú protector 
que no conmueve el pampero 
cuentan los nidos de hornero 
dulces historias de amor. 

Vive en aquella morada 

Pedro Sosa, un campesino 

de chiripá de merino 

y de melena rizada» 

En su estudiosa mirada 

y en su presencia imponente, 



E51] 



ELIAS REGULES 



dejar 



en 8U sanriea «locuente 
y en au lenguaje chistoso 
se ve el tipo majestuoso 
de una rasa inteligente* 

Piensa sin retroceder 



cachorros y cueva 



porquje imperioso lo lleva 
muy icjos otro deber- 
Entre congoja y placer 
mira al pingo que lo espera, 
toma ei poncho, sale afuera, 
y aosleniendo un combate 
recibe el último mate 
que h da su compañera. 

Se aproxima la partida 
y el tfgre de la llanura 
a abe lodear de ternura 
9U va ronil despedida. 
Montfi con el alma herida, 
sigue su rumbo derecho; 
y en (sl bajo y el repecho, 
cuando su cara levanta, 
muestra un nudo en la garganta 
y una esperanza en el pecho. 

Después. . . con leal frenesí 
y un Entusiasmo tremendo 
suena el clarín sacudiendo 
los canpoB de Sarandi. 
Pedro Sosa fonna alli^ 
como ^n titán atropelía, 
cbntra el opresor se (estrella 



[52] 



VIR90S CRIGLKjOS 



j «1 lerantarse m braao 
parece que in sablazo 
dijeie «ItÍTo: ¡Por ella! 

Miradle» No es el chacal 
que confiado en la sorpresa 
espera su fácil presa 
tendido en el pajonal. 
Es el paisano oriental 
que sentimientos encierra» 
lleva su sangre a la guerra, 
lucha con ansia indomable 
y compra a golpes de sable 
la libertad de su tierra. 



153 I 



SIGA LA HUELLA 



Serena noche de estío 

sobre los campos gravita 
y el fresco césped dormita 
con arrullos del rocío. 
La luna de su atavío» 
tira girones al snelo; 
y como imnenso pañuelo 
de un polo al. otro estirado 
muestra su forro estrellado 
el negro poncho del cielo* 

En el llano y en la loma 
con ademán soñoliento 
deja la brisa su aliento 
Ueno de silvestre aroma» 
Por todas partes asoma 
una calma indefinida 
y la canción repetida 
del terutero risueño, 
surge como tierno ensueño 
de la campaña doimida. 

Cual measajera secreta, 
que marcha con desconfianKat 
mueve sus ruedas y avanxa 
una pesada carreta. 
Su corpulencia de atleta 
pide un viaje paulatino» 

[W] 



ELIAS RÜGULES 



y al proseguir su destino 
solitaria y lentamente 
deja una huella patente 
culebreando en el camino. 

Aquella mole se agita 
sobre piedras y terrones 
cumpliendo las precauciones 
que su masa necesita. 
Salva una zanja maldita 
con vaivén muy calculado, 
ya se inclina de un costado, 
ya se detiene en la brecha, 
y al fin, entera y derecha 
rueda en sendero trillado. 

Salta del eje un lamento 
con pretensión de gemido 
y un invariable crujido 
acompaña al movimiento. 
Retumba el sonoro acento 
del conductor majadero; 
y como frase de acero 
que se interpone tirana 
va cimbrando la picana 
sobre el hombro del carrero. 

Llega a un paso y blandamente 
como en terreno seguro, 
sin atropello ni apuro 
se desliza en la peudienta. 
Corta la suave corriente 
bañando a veces su lecho; 
y un buen grito de provecho, 



VERSOS CRIOUOS 



pegado a loB delanteios 
levanta loa pertiguero» 
para subir el repecho. 

£1 monótono rumor 

de la marcha se acentúa 

y tranquilo continúa 

en el flanco el director. 
Su alarde de trovador 
queda pronto descubierto, 
y formulando un concierto 
de alegrías y pesares 
desparrama sus cantares 
en el medio del desierto. 

Corren las horas cortando 
la longitud de la vida 
y blanca faja tendida 
va el horizonte pintando. 
Sale el sol con voz de mando; 
y al despedir la alborada, 
hace soltar la boyada, 
ordenándole al carrero 
que junte sobre su apero 
fuerzas para otra jomada. 



£57] 



RENACIMIENTO 



En la CríoBa, Octubre de 1897. 

Como si un broto de vida 
sobre todo se extendiera, 
pide al sol la primavera 
su vestímenta florida. 
La yerba buena dormida 
deja su sueño inocente; 
y decorando el ambiente, 
quebrachos, mollea y talas 
sacuden sus nuevas alas 
al borde de la corriente. 

Suenan diversos acentos 

en vertiginosa gira 

y el zorzal presta su lira 

para saturar los vientos. 

La calandria con alientos 

su mejor canción arranca 

y el chingólo, en forma franca 

cuenta sobre las colmas 

que ha visto ya golondrinas 

trabajando en la barranca. 

Asi, después del rigor 

con que nos trató el destino, 

vuelve a tomar su camino 
la Criolla de nuestro amor, 



7 



[59] 



BLIA5 REGUIiES 



Renace co» el calér 
de otra especial primavera; 
y fll IcTanlar la visera 
no tiene méa pretensionea 
que las firmes convicciones 
eicritas en su bandera. 

Vuelve a encenderse el fogón 

con cautelosa paciencia, 

vuelve a sentirse la es^oncia 

del sencillo cimarrón. 

Vuelve a encontrarse en acción 

cl apero y su» alliajas; 

y en las malvas y borrajas 

muestran las marchitas hojas 

las señaladas congojas 

que Ies dejan las rodajas. 

Vuelve el estdo a pedir 
su lugar en la jomada 
y la décima olvidada 
vuelve otra vez a vivir. 
La emoción al resurgir 
su antiguo sendero agarra 
y tendiéndose bizarra 
llega, lozana y hermosa, 
a suplicar cariñosa 
que la copie la guitarra. 

Pero, en esta» impresiones, 
tan rurales como viejas, 
no caben las bravas quejas 
de los urbanos campeones» 
No se buscan sensaciones 



[60] 



VERSOS CRIOLLOS 



por buscarlas solamente, 
se buscan porque se siente 
la atracción de ese pasado, 
cuna de un tipo formado 
para gloria del presente. 

¡Ay, del que llegue a perder 
las afecciones del suelo 
y que mire con recelo 
lo que fue su raza ayer! 
Esc no puede tener 
patriotismo verdadero, 
ese no eg más que viajero, 
fabricado de granito, 
ese es un hijo maldito 
con corazón de extranjero. 

Los que otra ilusión soñamos, 
los que otra pasión sentimos, 
con nuevos fuegos venimos 

y aquí resueltos estamos. 
Tranquilamente esperamos 
las descargas enemigas, 
y no guardamos fatigas 
para que luche y proteste 
la enseña blanca y celeste 
con la diagonal de Artigas. 



[61] 



¿POR QUE? 



En la extensión dilatada 
de verde pasto cubierta, 
en la superficie abierta 

de la campaña quebrada, 
en la inmensidad regada 
por el sosiego inaudito, 
como capricho fortuito 
surgido de vez en cuando^ 
dos ranchos se están mirando 
al través de un arroyilo. 

En uno nació Julián, 
el doncel de la pradera, 
gaucho de frase sincera 
puesta en cuerpo de titán; 
en el otro con afán 
dieron el pecho a Ramón, 
un fornido mocetón 
de trato sencillo y llano, 
tipo hermoso de paisano 
por estampa y corazón. 

Juntos sintieron pasar 
entre el ruido de la estancia, 
los abriles de la infancia, 
las caricias del hogar; 
juntos pudieron mezclar 
sus expansiones nacientes, 



[63] 



ELIAS REGULES 



juntos miraron ardientes 
sus dolores y alegrías, 
juntos llenaron sus días 
con sus juegos inocentes* 

Y al pisar en el abismo 
de la lucha por la vida, 
donde tiene su guarida 
la legión del egoísmo, 
rayaba en el fanatismo 

la unión de sus afecciones 
y las mismas emociones 
brotaban entrelazadas 
en dos mentes vinculadas 
por iguales impulsiones. 

Pero, la guerra civil 
vino, repleta de saña, 
a sacudir la campaña 

con un empuje febril. 

Y el arrojo juvenil 
de la pareja mentada 
dejó una historia cortada 
al usar en forma franca, 
Julián la divisa blanca, 

y Ramón la colorada» 

Los ejércitos contrarios 
se hallan en frente, por fin, 
y pide sangre el clarín 
por dos trapos funerarios. 
Con bríos extraordinarios 
w columpian las melenas 
y sembrando hito y penas. 



VERSOS CRIOLLOS 



al «scucbar voz de mando^ 
van las lanxas viboreando 
por ambicionas ajenas. 

En la ruda dispersión 

de aquel combate imponente 

Julián se vio de repente 

cara a cara con Ramón» 

Una extraña sensación 

vino el cuadro a colorar 

y llegándose a abrazar 

sin reparos ni testigos, 

se dijeron los amigos: 

¿Por qué nos hemos de odiar? 



L«5] 



SIN DERECHOS 



Como gladiador cansado 
pierde las fuerzas el día, 
perfumando au agonía 
el fresco soplo del prado. 
Queda el Oriente pintado 
por penumbras, con derroche; 
y en actitud de reproche, 
cuadrado el sol, de soslayo 
recoge su último rayo 
al presentarse la noche. 

Con nuevo impulso verdea 
la flora de la campaña, 
quebrando con faz huraña 
despojos de luz pigmea; 
el pastizal parpadea 
sobre la inculta colina, 
y mientras todo declina 
en las regiones campestres, 
sueltan las aves silvestres 
su plegaria vespertina. 

Por apretado sendero 

sale del monte un jinete 
rompiendo el tupido brete 
del pajonal majadero. 
Teme, recela y ligero, 
casi en pleno desvarío 



[67] 



JELIAS REGULES 



le tira al campo y al tío, 
por izquierda y por derecha, 
ana mirada de flecha 
que Ta a sondar el vacio. 

El desertor. Su delilo 
I0 impone firme misterio 
y huyendo del cautiverio 
anda sin rumbo y sólito. 
Por las penurias marchito 
busca saludable riego; 
y en brutal desasosiego 
cuando el sentimiento brama, 
oye un rancho que lo llama 
con clamoreos de fuego. 

Allá va. Sabe seguro 
que el sable lo pastorea, 
que es desigual la pelea, 
que es muy amargo el apuro. 
Pero, gaucho fuerte y duro 
lleva un propósito fijo, 
guarda un tierno regocijo 
que lo arrastra desde lejos, 
hay en el rancho dos viejos 
que no los olvida el hijo. 

Entre dudas y temores, 
pisa la choza querida 
donde sembró su partida 
desalientos y dolores. 
Toca a sus progenitonsB 
con sobresalto sincero; 
y en «1 silencio camparo, 



[«»] 



VEMOS CRIOIXOS 



como indudable noticia^ 

salta un franca caricia 

qu0 M !• eacapa al matrnt, 

E» muy corta la visita 
porque lo quiere la suerte, 
puei un pampero de muerte 
sobre su cuerpo palpita. 
De la pareja bendita 
se despide sin rudeza; 
y consumiendo entereza 
para tornar al retiro, 
monta bordando un suspiro 
con hebras de su tristeza» 

Vuelve solo a la guarida 
conquista de independencia, 
preparado a la violencia 
y a vender cara su vida. 
Nadie lo ampara ni cuida, 
nadie le ofrece perdón, 
que la carne de cañón 
y el siervo de mil señores 
no tiene más defensores 
que su astucia y su facón. 



DE VUELTA 



En la verde inmensidad 
quedan los ayes grabados 
y ranchos abandonados 
lloran su cruel soledad. 
La amarga fatalidad 
posa 5u garra pesada 
dejando senda marcada 
entre zarzales y abrojos, 
con rastros tibios y rojos^ 
de la sangre derramada. 

Pero el iris aparece 
con majestad corpulenta, 
palpa su fin la tormenta 
pierde vigor y fallece. 
Un anhelo reverdece, 
no se le puede ohadar, 
y al sentírsele vibrar 
besando las banderolas 
se tiran las tercerolas 
para volver al hogar. 

Así, Juan Péree, soldado 
de brava caballería, 
va en un moro de su cria 
rumbo al ranchito soñado. 
Marcha, se acerca, templado 
divisa con sus miradas 

[713 



T 



BUAS REGULES 



Ia$ tranquilas bondonadat 
de laa coatas de Manncho, 
7 el moro larga un relincho 
con la» orejai paradas. 

Galopa* Ya está cercano 
el gozo que lo recrea, 
sujeta el flete, se apea 
j queda mudo el paisano. 
En su semblante serrano 
no muestra duelo ni palma, 
pero al buscarse la calma 
que lo consuele y reintegre, 
traga una lágrima alegre 
que la recoge en el alma. 

Fue a combatir como bueno 
por sus puras convicciones 
estrangulando afecciones 
que conservaba en su seno. 
Cargó resuelto y sereno 
sin jamás retroceder; 
y jugó todo su baber, 
vendió sus horas felices, 
para ganar cicatrices 
al cumplir con su deben 

¡Pobre gaucho! ¡li al sacar 
•u sable por su bandera» 
fuese algo mái que escalera 
donde otros van a pisar! 



Los que lo saben buscar 
para hacer una patriada 



[72] 



VERSOS CBIOLIiOS 



icpatt qaa aquella carnada 
suculenta y desprendida, 
tiene una choza querida 
que no la cambia por nada. 



[73] 



MANCHITA 



Meditabundo celaje 
pinta todos loa confines 
y aparecen macachines 
retozando en el follaje. 
Salpican sobre el paisaje 
las matas de mio^mío, 
miran al sol con desvio 
las gramillas que se encrespan 
y los sauces se refrescan 
con el hálito del río. 

A la sombra del alero 
está sólita y sentada 
una morocha brotada 

entre el perfume campero. 
Toca con golpe certero 
las cuerdas del instrumento; 
y reflejando en su acento 
sus más limpias emociones, 
tira rurales canciones 
rellenas de sentimiento. 

Allí van entrecruzadas 
en tristes y vidalitas, 
calandrias y margaritas 
rancherías y cañadas. 
Aunque saltan dispersadas 
y en «oii^>lBta confusión, 

[75] 



ELIAS PEGULES 



salen con tanta paAÍón 
que letratan con anhelo 
un pedacito de suelo 
plantado en el cora2Ón. 

¡Qué hermosa! jqué linda está 

esa trigueña cantora 

con su frescuia de aurora 

y entonación de &abiá! 

Eb flor de mbunicuyá 

uu^ donde toca se afeira, 

eg un clavel de la sierra^ 

es cuadiu i^obresaliente 

esa morociia que siente 

las cositas de su tierra. 



£76] 



AL DOCTOR MANUEL CACHEIRO 



Le quedo reconocido 
por su recuerdo ateucioso 

que tiene el jugo sabroso 
del suelo donde ha nacido. 
Quien el terruño ha sentído 
debe mirar para atrás 
y sin aflojar jamás 
decir claro y satisfecho: 
Pasión que guardo en mí peebo 
cada vez te quiero más* 

Usté, doctor, que ha viajado 
por el mundo del progwo 
y que tuvo a su regreso 
la sensación del pasado^ 
puede contar que ha, sofia^o 
con el rincón vaciona), 
donde cimbra el totoral 
a los golpea del pw^pejro, 
donde se hice el boyero 
y retruca el cardenal 

Donde planta trepadora 
sobre el blanquillo camina, 
donde el quebracho se empina 
en tanto que el sauce llora, 
donde fabrica la flora 
silvestres emanaciones 

[77] 



ELIAS REGULES 



que extienden laa virazonee 

sobre los campos tranquilos, 
donde ae cantan estilos 
y se bailan pericones* 

Donde hay leyendas cuajadas 
de criolla je memorable 
que decretó con el sable 
las libertades ansiadas, 
donde en cerros y quebradas, 
vive una raza esplendente» 
raza sensible y ardiente, 
mezcla de afán y recelo, 
con un pedazo de cielo 
reverberando en su frente. 

No sé si en otras regiones 
donde la vida es ficticia, 
la falsedad acaricia 
a las débiles pasiones; 
pero sé que los gauchones 
vienen de hidalga semilla 
y que el tipo cajetilla 
con su casta y su saber 
tiene mucho que aprender 
de los hombres de golilla. 



[78] 



BARBARIE 



En el bosque guarnecida 
entre maciza arboleda, 
donde la yerba se enreda 
con exuberante vida, 
donde el ave presumida 
sacude el limpio plumaje 
y afinando su lenguaje 
llama, provoca y responde, 
una picada se esconde 
bajo el dosel del ramaje. 

De ella sale Barragán 
y a ella se acerca Corrales, 
dos paisanos colosales, 
dos cachorros de titán. 
Desde mucho tiempo están 
resentidos con pasión 
y se guardan prevención 
odiándose mortalmente, 
porque el rencor puso el diente 
sobre pechos de varón. 

Se aproximan y al instante 
basta sólo una mirada 
para dejar concertada 
la soluciÓD terminante. 
Ruge tenaz y vibrante 
aquel encono tirano; 



[79] 



EUAS BEGULES 



y Henos de empuje insano^ 
retados a crudo duelo, 
los dos se tiran al suelo 
con el facón en la maro. 

Frente a frente, sin ventaja* 
empieza la brava lucha^ 
y el chocar duro se escucha 
del que tira y del que ataja. 
La vista firme trabaja 
por dar fieles derroteros, 
y al ir log golpes certeros 
marcando las puñaladas, 
quedan de rojo pintadas 
las hojas de los aceros. 

Cruzan el aire puntazos 
que van zumbando furiosos, 
y se rajan los colosos 
con formidables hachazos. 
Crujen los potentes brazos 
por tener el alma fuerte; 
no fija giros la suerte, 
pero se ve dibujada 
que está en los tajos colgada 
una sentencia de muerte. 

Atacan. . . quedan parados. . . 
vuelven con perseverancia, ^ . 
recuperan la distancia 
jadeantes y ensangrentados. 
Después . , . d^ pelear cansado^,, 
ponen el punto final; 
y en bii rumbo cada cual. 



[80] 



VERSOS CRIOLLOS 



aunque con fibras rendidas, 
va a curarse sus heridas 
en medio del pajonal. 



Así entienden los vecinos 

de nuestra bruta campaña 

los duelos que en forma extraña 

celebran en los caminos* 

Sin poderes ni padrinos, 

ni traje, ni director j 

ni botiquín, ni doctor^ 

ni actas que van a los diarios 

como justos corolarios 

de las leyes del honor. 



rsi] 



FLOR DEL CAMPO 



Meció su cuna el pampero 
sobre silenciosa loma 

zahumada por el aroma 
del torongil y el romero. 
Brotó robando al lucero 
sus más relucientes layos, 
tejió la flora los sayos 
que orlaron su galanura 
y creció con la frescura 
de los campos uruguayos. 

Allí, en el pobre desierto 
corrió BU vida sencilla 
enredada en la.gramiUa 
del terreno descubierto. 
Rozó 6u pecho inexperto 
k sombra de un rumor vago 
y contestando a su halago 
vióse pronto convertida 
en violeta preferida 
por los donceles del pago. 

No se bosqueja en su frente 
la causa de su martirio, 
no comprende aquel delirio 
engendrado de repente. 
Peio poderosa siente 
una lo£ana impresión, 

[83] 



ELIAS REGULES 



la guarda envuelta en pasión 
y con acento que quema 
ge la cuenta a la alhucema 
a la salvia y al cedrón. 

En el silvestre pensil 
la flor luce su hermosura 
y es reina de la llanura 
por fragante y por gentil 
Su perfume juvenil 
con deleite se respira 
porque con alma suspiia, 
porque con fe siente pena^ 
porque quiere como buena« 
porque no tiene mentira. 



[84] 



SIEMPRE 



Después de forzada ausencia, 
lejos del hogar primero, 
el hijo del estanciero 
vuelve a la grata querencia. 
Fue a nutrir su inteligencia 
entre las luces y el ruido, 
fue al archivo presumido 
donde lo mejor se encierra; 
y la roca de la sierra 
viene diamante pulido. 

Pisa de nuevo el terreno 
donde sano y vivaracho 
corrió descalzo el muchacho 
con natural desenfreno. 
Respira en el pago ameno 
dentro del rancho pajizo, 
palpa el delirado hechizo 
de azdtar con el rebenque 
los palos de aquel palenque 
_donde ensilló su petizo. 

Y anegado en emoción 
sin reticencias exclama: 
Es mi pagado» me Hania 
con seductora átracciófi» 
es la florida impiesíén 
que mi nostalgiel matchita. 



ELIAS REGULES 



•0 k frcdcA margarita 
con apariencias de cardo; 
yo la recojo y la guardo 
€omo sirena bendita* 

En lo que pude saber» 
en lo que pude abarcar, 
mucho logre conquistar 

de lo ignorado hasta ayer; 
pero no llegué a entender 
cómo alcance a intervenir 
la idea para invertir 
lo que el sentimiento escuda; 
se enseña a matar la duda 
y no se enseña a sentir. 

¡Vengan mis viejos anhelos! 

vengan mis lindos abriles^ 

mis ensueños juveniles, 

mis arrogantes consuelos! 

Yo los besé en mis desvelos 

con inmenso frenesí, 

siempre conmigo los vi 

atados con lazo estrecho; 

¡Vengan,.» que hay sitio en mi pecho 

y ya no se irán de mi! 

Poco importa el vocerío 
de cavilosos censores, 
yo desdeño sus temores 
y 90» dardos desafio. 
Por ser hermoso y aer mío 
esto, con fe, me arrebata; 
y tólo mente insensata 



[66] 



VERSOS CRIOIJiOS 



podrá encontrarle manci]I«, 

porque valgo con golilla 
lo que valgo con corbata. 

£1 riego de ilustración 
permite ser uno el mismo 
salvo • . . convencionalismo 
de insostenible razón. 
Quebrando la tentación 
de viento enfermizo -y vano, 
aunque ge remonte ufano 
hasta las cumbres el vuelo, 
se puede adornar el cielo 
con loa recuerdos del llano. 



[871 



ORO VIEJO 



Cerca del móvil juncal 
que con silueta gallarda 
limita en forma de guarda 
la alfombra del pastizal^ 
hay un albergue rural 
en donde vive sonriente 
un ejemplar resistente 
de nuestras cosas primeras, 
con setenta primaveras 
arrugadas en la frente. 

Aún sacude su pupila 

la estela del tiempo muerto 

cuando en el espacio abierto 

giró su vida tranquila; 
y todo aquello desfila 
rebosando de ventajas, 
con barullo de sonajas 
colimipios de pontezuelas, 
bordoneoa de vihuelas 
y crujidos de rodajas* 

Aqud cueipo modelado 
por inmejorable artista 
fue aquilóji en la conquista 
de su derecho vejado. 
Con el brazo arremangado 
sintió el clarüi de ordenanza 



[69] 



y lili rencor ni venganzi, 
sobre resbaloso lomo, 
contestó a la voz del plomo 
con lo» bote» de su lanza. 

Nacido para señor 
de la selva que domina, 
ha sembrado la colina 
de hidalguía y de valor. 
Hombre de alma superior 
supo ser noble y austero, 

palabra fue de acero, 
no precisó documentos 
y cumplió sus juramentos 
como el mejor caballero. 



Hoy no vale una pitada 
porque no se necesita, 
hoy es de raza maldita 
que no airve para nada. 
Si tuvo alguna jornada 
de la que quede el reflejo, 
es sólo recuerdo añejo 
que debe ser olvidado, 
aunque sea oro sellado 
es oro... bastante viejo. 



[90] 



SINTIENDO 



Ha vuelto al pago. Se viste 
con el color de la pena^ 
y su mirada serena 
tiene fulgores de triste* 
Una congoja persiste 
a la que rinde tributo, 
la busca en cada minuto 
porque al tocarla se alegra, 
y lleva el alma más negra 
que su golilla de luto. 

Sabe que entre el paisanaje 
se refiere y se comenta 
una tragedia sangrienta, 
mentada en aquel paraje. 
Y aunque le sobra coraje, 
no puede dar al olvido 
que el muerto, por él sentido 
con invencible lamento, 
le dio la vida, el sustento, 
caricias y un apellido. 

Nada achica su dolor, 
nada rebaja su duelo 
y sólo anbela el consuelo 
de encontrar al matador. 
Por eso anda en derredor 
del vagabundo homicida, 

[91] 



ELIAS REGUI^ES 



para cobrarle und vida 
que debe pagar resuelto, 
golpe por golpe, sin vuelto, 
y herida por cada herida. 

Recorre día tras día 

los sitios más frecuentados 

escudriña los bañados, 

revisa la serranía; 

y cuando el sol se desvía 

tendiendo su cola oscura, 

él con amarga ternura 

pasa la noche en los bajos, 

contando cientos de tajos 

que abren una sepultura» 

Al fin, en un totoral, 
adorno de una cañada, 
tuvo la dicha deseada 
de dar con el criminal. 
Brilló el hambriento puñal 
para ultimar al matrero, 
cuando el grito lastimero 
de un niño dijo: ¡lo mata! 
. . . ¡deje vivir a mi tata 
porque yo mucho lo quiero! 

Quedó el brazo detenido 

y el vengador sintió chucho. » • 

— ¿Con que vos lo querés mucho 

a este terrible bandido? 

Si cobro lo que he sufrido, . . 

. . .dejuro. . « vos lo pagas. . . 

yo no soy malo de más.». 



[92] 



VERSOS CRIOLLOS 



y aunque muy poco me cuadre, 
bonego... te dejo padre 
porque tos lo precisás. 

Montó a caballo en seguida 
sin mirar al asesino 
y emprendió nuevo camino 
para su casa afligida* 
Ya no estaba comprimida 
el alma del hijo ardiente; 
y refrescaba su mente 
pensando que había salvado 
de que le hubiese pagado 
un hijo que era inocente. 



A LA SOCIEDAD CRIOLLA 
PARA n 

En su 6^ aniversarío. 

Tengo en el bosque del alma 
y con placer cultivados 
yuyos que están impregnados 
de persistente verdor, 
yuyos de espeso follaje 
y de prensoras raíces, 
yuyos que en horas felices 
suelen llegar a dar flor* 

En ellos rueda la savia 
de la primera sonrisa, 
la que despertó sumisa 
en los pliegues del capuz, 
la que nació sin saberlo 
para ser inextinguible, 
huella que en placa sensible 
dibujó un rayo de luz* 

En ellos vive galana 
derramando consistencia 
la más delicada esencia 
de gratísima visión; 
aura que rompiendo el éter 



[951 



SLIAS REGULES 



para quebrarse en el suelo 
cayó sin ningún recelo 
en cáliz de corazón» 

Por ellos va circulando 
entre fresca clorofila 
la imagen que mi pupila 
robó al agreste vergel, 
copia de un mundo brillante 
sobre sangre recibida 
y en cierta fibra esculpida 
por primoroso cincel 

Hoy que cumples tus seis años 

en perpetua primavera 

dejar constancia quisiera 

de lo que palpita en mi. 

¿Qué te ofrezco? ... Tú bien sabes 

que mis afanes son tuyos; 

con las flores de mis yuyos 

hago un ramo para ti. 



L96J 



OFRENDA 



En el 7^ aniversario. 



Esté sentada bajo la sombra 
de ceibo que abre su flor carmín, 
y se deleita pisando alfombra 
de grama, trébol y macachín» 

Entre sus trenzas , juegan claveles 
con margaritas del pastizal, 
oyendo el ruido de cascabeles 
que en la garganta mueve el zorzal. 

Blanco y celeste luce un vertido, 
plagiado al cielo que la cubrió, 
y hacia la izquierda guarda un latido 
detrás de banda color punzó. 

En sus oídos zumban floreos, 
donde se mezclan con esplendor 

de la calandria los bordoneos 
y las endechas del payador. 

Tiene en su aliento tu do el aroma 
del espinillo y el arazá; 
y su mirada puebla la loma 
con el centauro del chiripá. 



[97J 



BLiAS &egui;bs 



AltivA pide, senna manda, 
muMtra osadía nada común, 
ptro ha encontrado la tierra blanda 
donda loa aaticet lloran aún. 

Donde el jinete de crudas botas 
sacude al potro su espesa crin, 
para ofrecemos cadenas rotas 
junto a la tumba del paladín* 

Ella se nutre de una tapera 
en que leyendas hay a granel, 
y está repleta su cartuchera 
contra el que osare tocar su pieL 

Cumple eiete años brindando vida, 
siempre gallarda, siempre gentil; 
vaya mi nota la más sentida, 
hoy que incorpora su nuevo ahiiL 

Y al verla herniosa, fresca y sonriente» 
cual la he soñado con gran pasión, 
le engarza un beso sobre la frente, 
baso de inmensa satisfacción. 



r 981 



UNO MAS 



En el 89 aniversarim. 

Voy a buscar en la selva 
entre yuyales tejida» 
la fragancia desprendida 
de su alambique gentil; 
vapores que van saliendo 
de la silvestre maceta 
con suspiros de violeta 
y aliento de torongiL 

Voy a pedir a los rayos 
que prodigan sus primores 
los más lucientes colores 
de la paleta rural, 
espectro que se derrama, 
como eterna catarata, 
con margaritas de plata 
y ceibales de coral. 

Voy a escoger en el seno 
de los bosques virginales 
las veladas musicales 
de campestre inspiración, 
donde la calandria bate 
su primorosa bordona 
y donde el boyero entona 
m mÍB «antida canción. 



ELIAS BEGUL£S 



Voy II tacar del recuerdo 
nutrido por la leyenda 
hojaa de lucha tremenda 
narrada con frenesí» 
donde el coraje uruguayo 
por libertar su regazo 
compró pedazo a pedazo 
en Rincón y SarandL 

Voy a sondar sin reparo 

lo que albergue mi cariño 
de las horas en que el niño 
balanceaba en un corcel, 
y saltará delicada 
una emoción imponente, 
que el corazón nunca miente 
cuando sólo habla por él. 

Y aromas, cantos, colores, 
recuerdos y sentimientos, 
atados sin ornamentas 
con lazos de patrio amor, 
en su octavo aniveisario 
placentero y satisfecho, 
los prendo sobre tu pecho, 
como mí ofrenda mejor. 



[100] 



A LOS NUEVE AÑOS 



Con los anhelos cribados 

bajo sauzales frondosos, 
con los suspiros lujosos 
de los campos perfumados, 
con los idilios bordados 
entre horizontes risueños, 
con los bizarros empeños 
de una visión encendida, 
tejió el destino tu vida 
sobre una cuna de sueños. 

Y disipando el celaje 
de convencional escollo, 
fuiste galano pimpollo 
con rocío de coraje. 
Te ofrecieron homenaje 
la colina y la hondonada; 
y hasta en la zona poblada 
diste brillo a tu divisa 
con la fe de tu sonrisa 
y el puñal de tu mirada. 

Eras impulso nacido 
de sensación primorosa, 
eras la fuerza mimosa 
que ata las pajas del nido^ 
eras el astro teñido 
con atrayentes matices. 



[101] 



ELIAS REGITLBS 



•«nto de nota» felice»», 
musgo con ansia de helécho 
que entre las piedras dal pecho 
clavó sus hondas raíces. 

Así corrieron tus horas 
por allanado camino, 
con el ambiente genuino, 
de boyeros y totoras; 
y así constantes auroras 
cincelaron con tesón, 
en tu elegante pendón 
celeste, blanco y rubí, 
el más fino ñanditti 
que luce tu galardón. 

Yo, decidido soldado 
de tu legión entusiasta, 
admirador de tu casta 
y de su altivo pasado: 
yo, que tu rumbo he pisado 
con emoción palpitante 
hoy, a! mirar que arrogante, 
flota entre lauros tu emblema, 
de tu bruñida diadema 
cuelgo mi aplauso vibrante. 



[102J 



A LA CRIOLLA 



Mayo 25 de 1906. 

Como miraje atrayente 
vive a la memoria atada 
una nube sonrosada 
que vuela sobre mi frente. 

Ella formó su textura 
de los halagos crecidos 
entre horizontes vestidos 
con brumas de la llanura. 

Ella cortó su atavío 
de la extensa y verde tela 
que la alborada cincela 
con diamantes de recio. 

Ella tejió su color 
con la sangre de ceibales 
y con los limpios corales 
de margaritas en flor. 

Ella decoró su encanto 
pidiendo al monte galana, 
la niebla de la mañana 
para salpicar su manto. 



[103] 



ELIAS REGUI^BS 



Ella legó su alegría 
con laa escalas donoras 
que hacen las aves cantora» 
cuando se despierta el dia. 

Ella nutrió sus veladas 
con las endechas bruñidas 
que se columpian sentidas 
entre las cuerdas templadas» 

Ella vio su masa Uena 
con el león de la cuchilla, 
el de flotante golilla 
y de peinada melena. 

£1 de pecho siempre abierta 
el de brazo reforzado, 

el señor cristalizado 
para adornar el desierto. 

£1 que puso sin desgano, 
por libertar su esmeralda, 

la carabina a la espalda 
y el filoso sable en mano. 



Tú que has visto en mi mareo 
a esa nube prepotente, 
cabes que es mucha y¡ ardiente 
la impulsión de su aliteo. 

£104] 



VERSOS CRIOIXOS 



Por guardar caros despojoi 
dentro de tutil redoma, 
por ser joya de la loma 
donde se abrieron mis ojos. 

Y ese delirio montes, 
alzado en vientos risueños 
es mi corona de sueños 
que hoy deposito a tus pies. 



1 m \ 



HOY 



25 de Mayo de 1907. 

Esa cinta engalanada 

con flores frescas del monte^ 

que pintó en el horizonte 
la luz de esta madrugada; 

Ese vapor de la tierra 
que fue a refrescar tu nido 
con el aliento pedido 
a los claveles de sierra; 

Esa virazón salida 
de los desiertos verdores, 
como guirnalda de amores 
entre los campos dormida; 

Ese murmullo hechicero 
que anunciando la mañana, 
iiie a sacudir tu ventana, 
con la canción del hornero; 

Ese rumor intranquilo, 
como de pena encubierta, 
que dejó al pie de tu puerta 
la vibración de un estilo; 

[107] 



BUAS REGULES 



Esa copia de ladera 
que transportó» fuerte y solo» 
con su clarín el chingólo 
sobre tu altiva cumbrera; 

Ese elegante pertrecho 
de jazmines y amapolas, 
tibio collar de corolas 
que tiemblan sobre tu pecho; 

Esa chispa persistente, 
llena de esencia suprema, 
que se engarza en tu diadema 
para denunciar tu frente; 

Ese cordón de impresiones 
rodando bajo tu alero, 
con arrullo romancero 
del humo de loa fogones; 

Esa huella placentera 
de atavismos perfumados, 
que son recuerdos atados 
con lazos de tu bandera; 

Ese zalamero halago 
que escintila en tu mirada 
cuando se ve circundada 
poi las leyendas del pago; 

Y esa pasión en que gozas, 
esa que hoy, alegre y grata, 
entonó una serenata 
frente a tu rancho de rotas; 



[1081 



VERSOS CRIOLLOS 



Son la ofrenda obligatoria 

qu© tus trece años florean, 
son mis ansias que aletean 
sobre tu fecha de gloria» 



[109J 



MAREO 



Traza el alba snavemente 
su pincelada lozana 

y 96 asoma la mafíaha 
por la puerta del oriente. 
Alzan los pastos la frente 
despeiezándose inciertos, 
los macachines despiertos 
abren sus blancos foliólos 
y pregonan los chingólos 
la diana de los desiertos. 

Hay en la verde extensión 
un rancho alegre perdido, 
donde la noche ha vivido 
horas de amena impresión. 
Allí vibró el pericón 
con relaciones y ruedas, 
allí temblaron vihuelas 
para lucir gallardía, 
hasta que la luz del día 
vino a marchitar las velas* 

Teodoro ha visto rodar 
en vaporosa cascada 
horas de marca soñada 
que no se puede pintar. 
Aunque resuelto a luchar 
notó su fuerza imponente; 



[lili 



SLIAS REGULES 



y arrojado en ti torrente 

«in rumbo, leño, ni bote, 
se fue. . « como camalote 
que lo llera la corriente. 

Pero fie dora la cuesta 
de brumas caraperaa llena 
y la claridad ordena 
que se termine la fiesta. 
Guarda la cansada orquesta 
sus tan repetidos sones, 
se agradecen atenciones, 
y en los pingos escarceando 
salen los grupos buscando 
sus distintas poblaciones* 

Allá va, junto a la prenda 
de filigrana con oro 
el paisanito Teodoro 
prisionero en la contienda. 
Se empeña por darle rienda 
a la x)ena que lo embarga; 
y cuando el pecho descarga, 
ve flotar por la llanura 
inde9criptU)le dulzura 
que tiene sello de amarga» 

Llega al rancho. En el jardín 
deja la flor pretendida 
y eon tierna despedida 
se ^ara el bailarín. 
La memoria del fesítín 
cada Vite más pura brilla; 



[112] 



VERSOS CRIOIXOS 



7 « impiilios d« pesadilla 

qua la forja una muchacha, 
allá va un alma borracha 
trotando por la cuchilla. 



1113 ] 



AL DR. MARTINIANO LEGUIZAMON 



£71 la Sociedad Criolla. 

Un rancho solo, un hornero 
que canta encima de un nido, 
un espiniUo florido 
besado por el pampero, 
un rumor bajo el alero 
con leyendas de la sierra, 
una golilla que encierra 
toda la fibra de un bando 
y una bordona cimbrando 
sobre el amor de la tierra» 

Dentro hay un foco encendido 
quo sus destellos derrama, 
haciendo clarear la fama 
del contacto que ha sentido, 
que como facón pulido 
tiene brillo hasta en la cruz, 
que desmenuza un capuz 
para mostrarnos alhajas 
y que atraviesa las pajas 
con puñaladas de luz. 

Eia vivienda retrata 
una regional simiente 
que fue la fecunda fuente 
de las orillan dd Plata; 



[U5I 



EUAS REGUtJES 



znjtnantial «on foensa innata 

para imponer su nivel 
y que, anhelando el laurel 
de las libertades plenas, 
dejó salvos de cadenas 
a los reyes del corcel. 

Y el foco que la ilumina 
con fulgor exhuberante 
es un cerebro arrogante 
lleno de savia argentina, 
es ese Montiel que trina 
en su entrerriano regazo^ 
ese gallardo chispazo 
que donde roza cautiva^ 
ese que al alma mtiva 
le robó el mejor pedazo. 

Nosotros, admiradores 

del rancho y de su cortejo, 

laguna que da el reflejo 

de nacionales coloree, 

ante la luz, muchas flores 

ponemos en este día, 

no flores de cortesía» 

sino flores con halago 

de un yuyo que en este pago 

se le llama Simpatía* 



[116] 



ENTRE DOS GAUCHOS 



PAYADA 

— Métele uña al encordao, 
empareja el gallinero 
y atropellame ligero, 
que aquí me tenés plantao. 
No soy tigre retobeo 
ni trabuco llovedor, 
pero me bago tirador 
por ver si algunas emboco 
y cuando reculo un poco 
es pá aíirmanne raejon 

— ¡Ah, taura! . . , ¡qué convidada! 

parece marcha peluda» 

en que se ha cansao la muda 

y tuito es pura parada. 

Güeno, agarra la bolada 

ya que tan filoso estés, 

échate el sombrero atrás, 

y sin dar güeltaa al cuete» 

deci qué laya de flete 

es el que te «grada más. 

— ¡Caray! , • . no me hagas toser 
que pongo cara de viejo, 
me gusta el fkte parejo 
co'mo candía de cforrer, 



[117] 



ELIAS REGt^US 



coscojero haeta pa oler, 
que responda sí le dentro, 
y que ajuera o en el centro 
cuando se tope a una china 
vaya sacando una espind 
que le estorba en el encuentro. 

— ^Atá el cuzco que no ladre, 
tirá los panas quemaos; 
con esa tropa de ahijaos 
tenes que ser muy contpadre; 
y aunque tal vez no te cuadre, 
contesta en pocos minutos 
por qué dotores o brutos, 
en el pueblo o campo llano, 
le salen siempre al cristiano 
tantos amigos fallutos. 

— ¡Pucha!.., me cargaste fiero 

como peludo que escarba, 

te me has subido a la barba 

como piojo parejero. 

Eso es barro verdadero 

pegao en cada segundo, 

porque ya es viejo y profundo 

que el cristiano, gordo o flaco, 

es el bicho más bellaco 

que hay en la estancia del mundo. 

— ^Medio has salvado el barrial 
y por música me has dicho 
que el cristiano es el pior bicho 
de tuílos los que hacen mal. 
En tu lenguaje bagual. 



[118] 



VERSOS CRIQUiOS 



torcido como Bobeo» 
dale gusto a rai deaeo 
de preguntarte y saber 
si eso que llaman mujer 
está en el mismo rodeo, 

— Aura me vas a espulgar 
pa saber si es lindo el queso, 
pero. . . lo que yo sé de. , « eso 
no te lo puedo enseñar. 
Me has querido madrugar 
pa que de golpe te cuente 
si es que la mujer ea gente. • . 
güeno..« y a vos ¿qué te importa? 
cada cual coma su torta 
como le permita el diente. 

— ^Ya encontrasteg un portillo 
pa salir de la manguera 
y te largás campo ajuera 
juyendo de mi cuchillo. 
Junta las tabas, potrillo, 
si te tenes por robusto, 
y si el empacho de susto 
no te dejó aflojador, 
decime de qué color 
es el pelo de tu gusto. 

— ^No entreveres las haciendas 
que el aparte da trabajo, 
no dejes el freno abajo 
porque se ensucean las riendas, 
no me confundas las prendas 
de plata y oro bordao 



[1191 



ELIAS REGULES 



#011 componcte platío, 
que el naco de tu yesquero 
es un mozo forastero 
que naides me ha presentao. 

— voy a decirte duro 
el pelo que más me agrada, 
de las vacas la chorriada 
de los pingos el oscuro, 
de la» muchachas, dejuro 
con cualquier color me amuelo 
perdices que rain al vuelo 
no se averigua el estao 
Y ñ mancarrón regalao 
nunca se le mira el peIo« 

— ^Está visto que sos loro 

ladino y muy chacarero, ^ 

si ansina sos de ternero 

que te aguante otro de toro. 

Tenes lengua de tesoro 

pa cansar. • . no hay como el lazo; 

y aunque ensilles el picazo, 

te convido pa la juida, 

que la gente de aburrida 

nos va a tirar un balazo* 



[120] 



AL PASAR 



Con el magno cortejo 

de sus blasones 

guardado por calandrias 

que bordan flores^ 

al golpe amargo 

de un tiempo que lo arroja, 

se Ta el paisano. 

lieva sobre su flete 

las gayas prendas 

que lucio en las reuniones 

de las carreras; 

y se incorpora 

como rey que no quiere 

dar su corona* 

Va quebrando el herraje 
las llamaradas 
de un sol que se refleja 
sobre oro y plata; 
batiendo el freno, 
contestan las coscojas 
al escarceo. 

Cubre el poncho nativo 
so cuerpo rudo 
y un chiripá bordado 
duerme en sus nmslos. 



[121] 



ELIAS REGIILES 



mientras la brisa 
desenvuelve los pliegues 
de su golilla. 

Complementa la bota 

cruda y sobada 

una espuela en que baila 

fuerte rodaja; 

y el viento altivo 

no arranca las amarras 

de su barbijo. 

Ha puesto en las maletas 

sus horas grandes 

impr^nadas con gotas 

de sus cantares; 

libro completo 

de expansiones soltadas 

bajo el alero. 

Con ellas van las dichas 
de otros instantes, 
entre sauces movidos 
por los zorzales, 
cuando cruzaba 
desparramando luces 
la madrugada. 

Con ellas se confunden 

laa armonías 

que, arando en tierra virgen» 
pidió a su lira; 
notas que ocultan 



[122] 



VERSOS caaiQUiOS 



triateías de la tarde 
llenas de brumm. 

Con ellas van espinas 
color granate, 
pintadas con extracto 
de duelo y sangre; 
coro de penas 
qne cuentan los quejidos 
de las taperas. 

Con ellas marcha el brio 
de un pecho sano 
que trenzó sus aromas 

dentro del rancho, 
y fue a ofrecerlos 
en cambio de aire libre 
para su suelo. 

Con oeot atributos 

se va el paisano 

buscando entre la historia 

su nuevo pago, 

donde hará casa 

con los limpios laureles 

de 3U jomada. 

Pero» al ver que se aleja 
de nuestros días, 
cantándonos sereno 
la despedida, 
formemos pronto 
para pedirle el jugo 
de sui retoños» 

[mi 



ELIAS REGULES 



Que no nos lleve todas 

las galas suyas, 

que son esplendorosas, 

grandes y muchas; 

que de la raza, 

nos deje para orgullo 

troxos de su alma. 



Marzo ~ 1907. 



AYER 



Para Sarandi del Yl, en cujom 
archivos duermen mis primeras 
alegrías. 

Suena una nota. El ambiente 
leves contornos esfuma 

y sube huyendo la bruma 
por acción de soplo ardiente. 
Surca una flecha potente 
la extensión en rumbo vago, 
deja estela, cansa estrago» 
el pie del cielo enrojece 
y un día nuevo amanece 
sembrando amores del pago« 

Es que rodó por la altura 

y salpicó la hondonada 

una silvestre mirada 

salida de la llanura. 

Entre stig haces fulgura 

un arrogante turbión, 

que modela la impresión» 

sobre la yerba tendida, 

de una mente donde hay vida, 

de un alma donde hay pasión. 

Quiero, dijo, ese pedazo 
de suelo verde y quebrado, 



[1253 



ISLIAS BEGtrXJCS 



ese que trilló el ganado 
- al ver viborear mi lazo» 
Quiero unir en un abrazo 
esas sierras y esos ríos, 
las auroras, los rocíos, 
las taperas y cardales, 
donde guardan sus anales 
los vibrantes sueños míos. 

Quiero esa tierra de azares, 
la de las rojas verbenas, 
esa que escondió mis penas 
y que regó mis cantares. 
Esa que en sus gramillares 
sobre mi potro he corrido, 
esa que templó el latido 
de mi bordona doliente, 
esa que clavó en mi frente 
tanto recuerdo querido. 

Quiero el espacio que abarca 
la cuchilla y el estero, 
ese que cruzó el matrero 
como rey de la comarca. 
Quiero grabarle la marca 
que en mi hombruno pecho ruge, 
quiero que en él se dibuje 
todo el vigor de mi garra 
y hacer mi choza bizarra 
con el tesón de mi empuje. 

Lentamente fue surgiendo 
de esas ansias un centauro^ 
que vio coronar su lauro 



[126] 



VERSOS CRIOLLOS 



con lai dianas del estruendo. 
Miró al porvenir sonriendo 
y levantó soberano, 
batido por el pampeano 
aquilón del Sud-Oeste, 
un pendón blanco y celeste 
con el sol republicano» 



Si acaso en hora enojosa 
otra fibra nos espera 
y esta sangre degenera 
hasta una línea oprobiosa^ 
que esa águila majestuosa 
torne a tender sus escalas 
y que, inyectando sus galas, 
enseñe otra vez su rol^ 
para volver hasta el sol 
con el poder de sus alas« 



1127] 



ROJA 



Recoge lento el lucero 
BU mirada brilladora, 
sembrando luces la aurora 
sobre flores del ceibal; 
y balanceando el penacho 
en las ramas oscilantes 
suelta sus trinos vibrantes 
un gallardo cardenal» 

Roja copa de bellezas, 
dice, batiendo las alas, 
que das vida con tus galas 
al montesino dosel, 
deja que inspire mi canto 
en tu silvestre frescura, 
deja que saque pintura 
de tu purpúreo broquel. 

Deja que cuente a los aires 
las prendas que da tu aliento, 
deja que le entregue al viento 
gratos secretos de ti, 
deja que arranque un gorjeo 
de tu encarnada capota, 
deja que empape una nota 
en tu nectáreo rubL 

Deja que beba cantares 
MI #1 raudal de tu brillo, 



[129] 



ELIAS REGULES 



dtl« « mi timbre tencillo 
coloridos de arrebol, 
deja que con hidalguía 
todoi mis anhelos rinda 
frente a tus hojas de guinda, 
donde se abochorna el aoL 

Deja que muestre mi queja 
enredada en tus encantos, 
deja que module cantos 
nutridos con tu esplendor, 
deja que, cortando espacio 
ante tu faz purpurina, 
te arroje la serpentina 
de mi cariño mejor. 

Calló el ave. Sus endechas 
vagaron por la espesura, 
como niebla de ternura 
sobre campo de coral; 
y rodando en el ramaje 
con las ílores enlazadas, 
fueron fielmente guardadas 
en el centro del ceibal 

Esa es la sangre del suelo, 
que a la íaima y a la flora 
galanamente decora 
con su viWdo color; 
y que, en las horas tranquilas 
de sonrosados albores, 
entre cantos y entre ílores 
hace 0u rtfieho de amor. 



[130] 



ALBOR 



Está el guapo mocetón 
de sable y de lanza armado 
gallardamente sentado 
sobre alegre redomón, 
está el guapo mocetón. 

De pie, mirándolo fijo, 
hay una mujer esbelta; 

es una madre resuelta 
que se despide del hijo, 
de pie, mirándolo fijo. 

Marcha, tu suelo te llama, 

le dice, alzando la mano, 
hay un mundo americano 
que su libertad reclama; 
marcha, tu suelo te llama. 

Esa es la voz de tu ley; 
yo no te puedo impedir 

que vayas a combatir 
contra el poder de mi rey. 
Esa es la voz de tu ley. 

Dueño del gigante ombú, 

sacude la banderola, 
que si yo nací española 
oriental naciste tú, 
dueño d«I gigante ombu. 



VERSOS CRIOLLOS 



La madre vive en el hijo 

y el honor de éste es el de ella; 

vete, mi araor es tu estrella 
y tu bien, mi regocijo. 
La madre vive en el hijo. 

Que sea pendón tu golilla 
y por él triunfes o mueras, 
son las preces altaneras 
de esta madre de Castilla; 
que sea pendón tu golilla. 

Adiós, ibérica púa 
que llevas mi corazón, 
adiósy huella del león 
que pisó en tierra charrúa; 
adiós, ibérica púa. 



Por su patria y por su honor 
movió al caballo el doncel; 
y en Las Piedras» Ismael 
cargó con bizarro ardor^ 
por su patria y por su honor. 



f 132] 



SOLOS DEL CAMPO 



Yo soy la silvestre bruma 

extendida en la colina, 

como faja cristalina 

que va derramando espuma» 

yo soy la arrogante suma 

de soñadas impresionea» 

soy la lira de fogones 

con cuerdas de agrestes hilos, 

soy la que llora en estilos 

y canta en los pericones. 

Yo soy la ruda poetisa 
de la tranquila espesura, 
soy la que cantar procura 
bajo luz de una sonrisa, 
soy la musa que improvisa 
con nutridos arsenales, 
soy la que en medios rurales 
halla el afán que le brota, 
yo soy la bruñida nota 
que arrojan los pajonales. 

Yo soy la flor que se pierde 
y que sola se deshoja, 

soy la margarita roja 
que salpica el campo verde; 
yo soy la pena que muerde 
sabré un recuerdo esoulpido, 



[133] 



JOilAS KEGULES 



■oy un arroyo crecido 
por la puaión desbordada^ 
yo aoy la sangre tirada 
que viene a pedir olvido. 

Yo soy la pureza franca 
que se ostenta de relieve, 
yo soy la gota de nieve 
suspendida en la barranca, 
soy la margarita blanca 
que perfuma el arroyuelo» 
soy el impulsivo anhelo 
coronado en la victoria, 
yo soy la nube de gloria 
que Artigas puso en mi suelo. 

Yo soy el glauco castillo 
que en el monte se guarece 
soy la savia que florece 
dentro de un manto amarillo, 
aoy la flor del espinillo 
que prodiga su agasajo, 
soy la que tiembla en el gajo 
para exhalar un tesoro, 
yo soy la cachimba de oro 
que brota con el trabajo. 

Yo soy la tela de grana 
que teje el agua a su lado, 

yo soy el raso encamado 
con que el ceibo se engalana, 
soy la corola sultana 
que sus dominios explaya, 



tl34] 



VERSOS CRIOLLOS 



yo soy la vida que ensaya 
su vigor contra reveses, 
soy la lluvia de altiveces 
que mojó el alioa uruguaya. 

Yo soy la flor que deaea 
viento movido y galano» 
yo soy el clavel serrano 
que en la cumbre balancea, 
soy el sol que pestañea 
sobre la entibiada loma, 
soy alambique que toma 
fragancias para lucirse, 
yo soy la ley que al abrirte 
llena los vaUea de aroma. 

Yo soy la flor sin esencia " 
que saca su azul a flote, 
soy la flor del camalote 
que vive con indolencia, 
soy la de pobre apariencia 
que 66 hamaca en el abismo, 
soy el celeste aforismo 
que el ansia libre prefiere, 
yo soy la carne que muere 
cuando corre el patriotismo. 

Yo soy el aire que encierra 
todo el vapor desprendido, 
yo soy el pasto crecido 
con el Budor de la tierra, 
yo soy espina de sierra 
que su rastro colorea. 



[136] 



ELIAS RgGUUSS 



yo «oy la inflamada tea 
que fiobre el campo palpita, 
yo aoy el pueblo que grita 
cuando su banifera ondea. 



ARRIBA 



Flota risueño rumor 
Bobre la dormida frente 
y se agolpan en torrente 
fantasías de vapor. 
Cnua un edén seductor, 
deja una estela dorada; 
esa es la vida soñada, 
la más linda de las vidas, 
tener las horas vestidas 
con una nube rosada. 

Reina mortal desaliento, 
crecen dudas» fallan lazos 
y van cayendo a pedazos 
los gritos del sentimiento. 
Rachas de empuje cruento 
dejan la ruta quemada; 
esa es la vida palpada, 
la más dura de las vidas, 
con las horas escondidas 
entre yerba envenenada* 

Si por terrible decreto 
debe seguirse la senda 
donde se tiene la ofrenda 
del desengaño completo; 
si no es posible el secreto 
de que la vida es acerba, 



[137] 



BUAS REGIALES 



por más que falte reserra 
cuando a la mente ne sube, 
hay que mirar a la nube 
aunque le pise en la yerba. 



[ItB] 



PARA PERICON 



CabítUero. 



Señorita, 



S. 



Mañanitas templadas 
de primavera, 
con extracto de rosas 
y madreselvas^ 
sean la espuma 
donde cruce la nave 
de tu fortuna. 

Horizontes perdido» 
en lo infinito, 
repletos de laureles 
y regocijos, 
sean la Pampa 
donde la suerte sacie 
tus esperanzas. 

Si tu oido pretende 
notas gallardas, 
trata de contentarlo 
con la guitarra; 
donde mi tierra 
ha llenado de encantos 
todas las cuerdas. 

Si tu gusto buscase 
gratos sonidos, 
muéstrale los lamentos 
de los estilos; 

[139] 



12 



ELIAS KEGULES 



donde se expande 

Id queja que en los campos 

tiró un gigante. 

C. — En las horas felices 
que te deseo, 
vayan entrelazadas 
cosas del suelo; 
y tengas siempre 
flotando margaritas 
sobre tu frente. 

5, — En los días de lucha 
que te señale 
la suerte de la vida . 
con sus azarea, 
sean tus armas 
el corazón y empuje 
de nuestra raza. 

C. — Cuando venga pintando 
la madrugada, 

que canten los zorzales 
en tu ventana; 
y que te muestren 
las galas de mi cielo 
Manco y celeste» 

5. — Cuando caiga la tarde 

sobre las lomas, 

que un chingólo le anuncie 

venir las sombras: 

y que su canto 

te dé amor por tu cielo 

celeste y blanco. 



[140] 



VERSOS CRIOLLOS 



C, — Si el rodar de las cosas 
te lleva lejos, 
apaga tus congojas 
con los recuerdos; 
que ellos reírescan 
el cariño que tira 
para la tierra. 

5. — Si alguna vez pensaras 

de jai el suelo, 
donde tantos amores 
forjó tu pecho 
haz con tu pena 

ti aje para enlutarte 
hasta que vuelvas» 

C, — Si ves una calandria 
tejiendo amores 
con esa filigrana 
que le da el monte, 

tírale risas, 

que es mi pago que canta 
sus alegrías^ 

S. — Si encuentras en los bajos 
flores dorniidaSj 
que cuando el sol las besa 
resultan vivas, 
busca su aroma, 
que es la pasión regada 
creciendo sola. 

C. — Cuando pida la patria 
que soñó Artigas 



[141] 



BUAS REGUUS 



mi rangre y mi rentara 
para su dicha, 
no quiero lloros, 
porque muero contento 
81 muero criollo, 

5. — Cuando la patria mande 
sacar tu vida, 
yo bordaré una cinta 
donde se diga. 
Siendo por ella 
no debe haber divisas, 
solo bandera. 

C. — Aunque haya e&carcba en el agua, 
pasaré el arroyo a nado 
si usté me pide una flor 
que esté sobre el otro lado* 

S, — ¿Y qué Iba usted a conseguir 
gastando esa valentía? 
que lo muerdan los capinchos 
o hallar una puhnonía. 

C — Seguro que he de volver 
a mi pago, no eé cuando; 
pero, pasará algún tiempo 
si hemos de seguir bailando. 

S. — Siento que demore mucho 
en dar la vuelta redonda; 
por las dudas vaya pronto 
que van a cerrar la fonda. 



[142] 



VERSOS CRIOLLOS 



C. — Si me vé muy pensatiro 
Y con facha de cobarde, 
ea que me tienen cautivo 
los recuerdos de esta tarde. 

5. — Para impedir que esa pena 
lo lleve hasta suicidarse, 
póngase en la frente ortiga 
y se entretiene en rascarse. 

C — Donde haya rosal hay rosas, 
donde haya fuego, hay calor, 
y en el pasto que usté pise 
queda brillando una flor* 

S. — La tormenta da los rayos, 

el manantial agua clara, 
y en el suelo que usté pise 
queda un pozo de una vara. 

C. — Mi rancho bajo un ombú 
parece im nido de hornero, 
me gustaría no estar solo 
cuando lo alumbra el lucero. 

5* — Pues busque un perro que ladre 

o un gallo que mueva el pico 

o pida a la policía 

que le mande algún milico. 

C. — Aunque me tiene por vago, 

cincho, si usted lo pidiera 
que campiando una collera 
ando a galope en el pago. 



[143] 



ELIAS REGULES 



S. — Le dije que ni le miro 
y debo largarle el resto: 
que le pongan buen cabiesto 
y que lo lle\'en d¿ liro. 

C» — Cuando el azul de la altuia 
tus ojos iluminaron, 
las estrellas se inclinaron 
para mirar tu hermosura. 

5. — A tus potentes miradas 

no hallarás quien se resista 
si has podido a simplR vista 
ver las estrellas ladeadas. 

C. — Con esos gestos risueños, 

como arrullos de palomas, 
sos la flor que siembra aromas 
en el jardín de mis sueños» 

5» — No le resulten extraños 

tus triunfos si son pequeños; 
cuando se siembra entre sueños 
se recogen desengaños. 



[144] 



A MI EXCELENTE AMIGO, ATILIO 
SUPPARO 



Después de haber leído sus 
valientes sonetos crioÜos. 

Con mano guapa y segura 
trazó 5U pincel lozano 
cuadros de niarcu serrano 
sobre tela hidalga pura. 
Se mueven en la pintura 
garras de de] upo esfumado; 
y variando el decorado 
culi tintas blancas o rojas, 
son sus sonetos coscojas 
donde conversa el pasado. 

Yo que entiendo ese lenguaje 
pongo al pie de sus renglones 
francas felicitaciones 

por lo hermoso del paisaje. 
Siga cantando al linaje, 
como gloria lisonjera, 
símbolo de amor que espeia 
recortarnos los harapos, 
para que se hundan los trapos 
y que suba una bandera. 



[145] 



SOBRE POSTALES 



Al ruiseñor con todos los gorjeo» 
que su garganta musical encierra 
prefiero las calandrias uruguayas 
bordando los cantares de mi tierra. 
« « « 

Cuando se ha encendido el fuego 
con astillas de pasión, 
hasta las cenizas queman 
si se revuelve el fogón. 

» « * 

Con desgracia o suerte plena, 
es el paisano errabundo 
taba que rueda serena 
sobre la cancha del mundo. 
« « • 

Si el despertar es sonriente, 
feliz quien lleve grabada 
una eterna madrugada 
sobre soñadora frente. 

« « * 

Yuyitos de bañado 
son los deaeoi 
que con poco rocío 
crecen l^ao. 

« « • 



[147] 



ELIAS REGULES 



Cuando al cruzar 1j \itla 

surjen barreras, 

crece fiero el empuje 

junto con ellas. 

Y el que vacile. . 

que pregunte a los gauchos 

si hay imposibles. 

» * « 

Allí forjé mi sueño más dorado 

bajo el aliento fresco del sanzal; 

y hoy que cruzo el baríjllo riel poblado. 

llevo siempre, sentida con agrado, 

una lozana flor de campo en el ojaL 

« « * 

Quiero un ensueño lleno de vida 
puesto entre gotas del pajuníiJ, 
sobre la selva, virgen dormida 
con los arrullos del cardenal. 

« * « 

Como clavel de sierra 
son las venturas; 
con aire se ahmenlan, 
pero perfuman. 

« • • 

Como taba es la vida 
que, en cualquier cancha, 
rueda siempre girando 
sobre esperanzas. 

• « « 



[148] 



VERSOS CBIOIAJOS 



Gigante con empuje de pampero 

encima del corcel, 
luz en la mente^ músculo de acero 

y corazón de mieL 

* • * 

Busco el gentimiento humano 
como corcel de vigor, 
altivo, fuerte, serrano, 
pero con freno galano 
que le dé triunfo mejor. 

« • * 

La primavera manda 

las golondrinas, 
para sembrar los campos 

de margaritas; 

traje de gala 
que usan al despertarse 

nuestras lomadas. 

« « * 

Mis recuerdos son primas, 
dentro del rancho; 

y bordonas que lloran, 
lejos del pago^ 

• « « 

Son como algunas flores 

las dichas todas, 
que hasta después de muertas 
tienen aroma. 

« * * 



[1491 



iXIAS RKGXJLES 



Cruzar con mucho* cuidados 
el pago de los amores, 
que los baqueanos mejores 
suelen quedar enredados. 

• • « 

En el variable día 
del alma humana, 
son los primeros años 
la madrugada; 
feliz quien guarde 
un pedazo de aurora 
para la tarde. 

» « * 

Para que duren mucho, 

viviendo írescos^ 
la planta y el cariño 

precisan riego. 

• * * 

Andan las ilusiones 
con poncho verde, 
para indicar bien claro 
que esperan siempre; 
poncho liviano 
que no ataja la lluvia 
del desengaño. 

« « * 



[150] 



VERSOS CRIOLLOS 



Qiüero una ilusión bordada 
con un estilo vibrante, 
por un. hornero que cante 
donde corra una cañada* 



* « « 



La pasión y el arroyo 

bien, se parecen 
en seguir siempre el rumbo 

de la corriente. 



Entre flores de ceibos^ 
los cardenales 
encrespan sus copetes 
como corales* 
Fuego con llama 
es la sangre uruguaya 
que se derrama. 

» * * 

Bate sus alas la gentil paloma 
buscando los azahares que ha querido; 
y no halla un árbol con bastante aroma 
como el naranjo donde está su nido* 



[151] 



PARA PERICON 



Caballero^ — Paloma que andas saltando 
entre ceibo y arrayánj 
decime si en tus volidos 
inirás a este gavilán. 

Suinrila, — Pajarraco volador 

por lu vida estoy inquieta, 
acércate hasta mi nido 
que te espeia una escopeta. 

C — Quise volar y no pude 
por la fuerza del dolor, 
cuando quebrasles mis alas 
con los chumbos de tu amor. 

S, — Si usted no me ha coüiprendido 
debe ser muy maturrango, 
piense que yo nunca gasto 
cartuchos para chimango. 

C. — Se apagó la luz del sol 
y vino la noche triste, 
que vuelva la madrugada 
del amor que me tuviste. 

S. — El cariño que olvidaste 
lo venís a reclamar; 
cuando el caballo es bellaco, 
yo no lo vuelvo a enfrenar. 



[153] 



ELIAS BEGUI^ 



C» — En tu mirar soberano 

eitá prendido eite abrojo; 
soy un perro con tramojo 
que espera tu linda mano. 

S. — Yo no te quiero atender 
aunque vengas a llorar, 
tengo miedo que al ladrar 
puedas llegar a morder* 

C. — £1 trinar de los cantores 
pájaros de la mañana 
es mi amor que se desgrana 
sobre tu rancho de flores. 

5» — Por máa que pidas, no trago 
la copa de tus licores; 
ya has desgranado esas flores 
en muchos ranchos del pago. 

C. ' — Mi corazón, aunque lerdo, 
espera lo que usted mande 
y tiene un potrero grande 
para guardar su recuerdo. 

S. — Tenga el potrero por punto 
para enterrar su deseo, 
porque en mi sentir lo veo 
con mucho olor a difunto. 

C. — Por si lo pide algún día 
la dignidad de este suelo, 
con los coloies del cielo 
harás la divisa mía. 



[154] 



V3SRSOS CRIOLLOS 



S, — Y que si caes, te suplico, 
caigas como águila osada, 
con la garra ensangrentada 
Y la divisa en el pico. 

C. — Aquí te ofrezco un íogón 
con leña de la campaña; 
yo no tengo mala entraña» 
pero soy muy mancarrón^ 

5. — Lo debo tener presente 
aunque lo digas tan mal, 
sog ini chino muy bagual 
para hablar donde haya gente. 

C. — Con golilla de constancia 
aquí me tenes rendido, 
flor del monte que has nacido 
para derramar fragancia, 

5, — Si esta flor es el lucero 
que te obliga a madrugar 
preparé las de bailar 
y habla con el jardinero. 

C, — Aunque soy gaucho matrero 
que no se deja agarrar, 
por si me querés robar 
aquí estoy de cuerpo entero. 

5. — Te juro por esa luz 

que, al contemplar tu persona, 
no me animo a ser ladrona 
de semejante avestruz. 

[186] 

13 



ELIAS MQTO3BS 



Mucha «ifia reforzada 
me ha viito iiempre fortacho^ 
y afa<Mra me encuentro borracho 
con ona sola mirada. 

S, — Para que no le haga mal 
esa miradita franca, 
Táyaae a dormir la tranca 
encima de un abro jai 

C.-^Por BÓlo haberte querido, 

decíme, ingrata, ¿hasta cuándo 
me yaa a tener cnuando 
por la noche del olvido? 

— Seguí la marcha empezada 
ein pronunciar un reproche; 
cmánto más larga es la noche, 
más linda es la madrugada, 



I IM] 



REVERDECIENDO 



A LA SOCIEDAD CRIOLLA. — EN SUS BODAS 
DE PLATA. — 25 DE MAYO DE 1919. 

ClavelcB del aire abiertos 
con sus ondas perfumadasp 
margaritas coloradaa 
pintando campos desiertos, 
arazaes encubiertos 
de aroma entre totorales, 
penacbos de pajonales 
que los bañados blanquean 
y ceibos qm balancean 
el rubor de sus corales. 

Jilgueros sobre las ramas 
golpeteando los sonidos» 
horneros frente a los tiidos 
prodigando sus proclatnas, 
boyeros de agrestes famas 
sembrando una melodia» 
zorzales que al nuevo día 
van sus trovas entregando 
y calandrias entonando 
la canción de la alegría. 

Aleteos altaneros 
de las águilas volando, 
pumas que cnuan kamando 



[157] 



ELIAS REGtJLES 



la humedad de los esteros, 
toros henchidos de fueros 
con mirar firme y rehacio, 
moles que buscan despacio 
la presa que están midiendo 
y potros que van mordiendo 
la libertad del espacio. 

Un corazón enclavado 
en las joyas del ambiente 
destila el vapor s urgente 
del medio que lo ha forjado. 
Lleva en bu carne aferrado 
el rastro leal del pampero, 
toma con caudal entero 
en las fieras la arrogancia 
y en la selva la fragancia 
de las flores del potrero. 

Corazón que se levanta 
con la fuerza del ensueño 
para ser tranquilo dueño 
de donde toca su planta, 
en su fiebre se agiganta 
con la luz de su desvelo 
y, sombreando con el vuelo 
las llanuras que despoja, 
traza una rúbrica roja 
sobre renglones del cíelo. 

Sube con ansias y llama 
en las puertas del deseo 
y su armoniofo rasgueo 
por el éter desparrama. 



[IfS] 



VERSOS CRIOLLOS 



El firmamezito embabama,. 

con acorde» de yíctoria« 
salta una valla ilusoria, 
rompe un eslabón aciago 
y flota el alma del pago 
entre corolas de gloria. 

De ese corazón nutrido 
por encantador arrullo, 
como amor y como orgullo 
aquí se guarda un latido. 
Es aire puro escogido 
que en el pecho se dilata 
es una nube escarlata 
que como aurora se expande 
para presentarse grande 
en estas bodas de plata. 

Fue su vida un galardón 
de regocijos sinceros, 
con esfuerzos lisonjeros 
entre brumas del fogón* 
Puso al pie de su pendón 
todo el oro de su banca 
y prendió con mano franca 
junto a las flores nativas 
un ramo de siemprevivas 
en la enseña azul y blanca. 

Que recoja su botín 
de hacer civica fortuna, 
con recuerdos de la cuna 
qua son matas de jardín. 
Que sa toque de clarín 



[150] 



haftt» «I fh dii m«Id nfM 
y que, dtntro do la raya, 
tiemble coa patrio coraje 
el coiñ%bú éel gauchaje 
sobre la tierra uruguaya. 



[160] 



PROSAS 
TRADICIONALISTAS 



DISCURSO DE INAUGURACION DE 
LA "SOCIEDAD CRIOLLA^^ 



Señores: 

El coloso del mundo, la adelantada Europa, enri- 
quecía valerosamente los siglog con el estrépito gi- 
gante de sus triunfos; y en medio de sus brillantes 
éxitos, embriagada quizás por el deslumbramiento de 
sus grandezas, ignoraba un poco más allá del otro 
lado de las muchas aguas« una faja de tierra robaba 
enormes superficies a las inmensidades de los mares 
y que, cual romántica matrona reclinada muellemente 
de polo a polo, vivía feliz en su soledad, cultivando 
los aromas de su flora exhuberante» y sosteniendo en- 
tre sus bosques y montañas seres dichosos, en los que 
palpitaban arrogantes, las casas grandes y las co- 
sas chicas del caprichoso corazón humano. 

Un día llegó en que la Europa conoció a la Amé- 
rica, y en su febril delirio de dominarlo todo, el viejo 
continente disculpado con el sutil derecho de la su- 
perioridad, según criterio propio mandó sus hombres 
a poblar el nuevo, disputando pasto a pasto y a bala 
contra flecha el legítimo hogar de loa americanos. 

Venció la civilización; el quejido postrero de la 
raza cobriza fue apagado por las dianas de los vic- 
toriosos, y la raza blanca, al levantar sus estandarte 
sobre la tiofra conquistada, ocupó, entre otroa» el pe- 
dacito del Sud que está escondido entre el Atlántico 
y la corríebta del Uruguay. 



ELIAS REGULES 



Pasaron lo» días, tranaeumeron los años, y la na» 
turaleza de aquel clima, obrando sobre la descenden- 
cia de Io8 ejemplares importados, le imprimió el sello 
de atributos nuevos y íijos, constituyendo asi un tipo 
local que, con el traje de gaucho, lo hemos visto va- 
ronil e ingenioso^ dominando las dificultades del me- 
dio, el mismo que hemos observado derrochando in- 
teligencia para suplir su ignorancia^ aquel que, con 
la vincha en la cabeza y el brazo arremangado, blan- 
dió su lanza en las cuchillas para traemos en laa 
puntas de su inedia luna la patria nuestra con cade* 
ñas rotas» 

Ese gaucho, ese paisano sin ilustración, es la raza 

uruguaya. 

Los que lo encuentren chico, los que tengan rubor 
de haber nacido donde grita el chajá, que escupan su 
bandera y vayan a Horar bu deaventura entre el bu* 
llicio de los mundos grandes; pero los que sentimos 
el cariño del suelo, los que sabemos encontrar poesía 
en montes de espinillos y en ranchos con ombú, te* 
nemos el derecho de admirar en toda su esbeltez la 
obra inteligente de una naturaleza generosa^ y rom^* 
piendo con infantiles temores de que los méritos per*- 
sonales lleguen a resentirse por preferir lo nuestro a 
lo extranjero, podemos con la frente levantada, acer* 
carnes, al modelo sencillo de la raza propia, de ese 
hombre de los campos que, lleno de afecciones, ha 
crecido en medio de asperezas y zozobras, enredadas 
con cantos de calandria y con flores de ceibo. 

No se achica el q«e conserva positivos entusiasmo» 
por las cosas de su tierra; no se empequeñece el qua, 
dentro del pago mira haci« atrás, para halagar »u 
visita' con cuadros legendarios de titanes, uo vale me* 
nos el que al través de las centuplicadas hipocresías 



[164] 



VERSOS CRIOIiOS 



con que noi manejamo» en la incetante lucha de loi 

hombres, sabe guardar intacta una lozana siempreviva, 
para adornar con ella la historia de los Buyo9. 

Bajo esa convicción y en la seguridad de obedecer 
a un sentimiento grande, juremos hoy aceptar los co- 
lores de la patria, sesgados por la diagonal de Arti- 
gas, como simbólico compromiso de sostener con en- 
tusiasta resolución nuestras viriles costumbres na- 
cionales. 

("l.a Tribuna Popular", Montevideo, 4 de setiembre de 1894.) 



[165] 



ELLOS Y NOSOTROS 



Constituye un signo de pésimo criterio hacer alarde 

de méritos, positivos o imaginarios, para levantarse 
a la cumbre de las jerarquías sociales, y desde allí 
tratar a todo el mundo con aire protector, sin más 
facultades que las otorgadas por el vértigo de la va- 
nidad y los humos del orgullo. 

Pero también es notoriamente ilógico obedecer de 
una manera ciega a la exagerada modestia de empe- 
queñeceise siempre, llegando al extremo de conce- 
derlo todo, para que no se vislumbre, en las palabras 
o en las acciones, la más reducida silueta de censu-* 
rabie pretensión o de refinada pedantería. La huma- 
nidad en su avalancha egoísta duda de las recomen- 
daciones descubiertas y acepta los inventados defec- 
tos, llevándose por delante al hombre que se achica 
demasiado» 

Es en el justo término medio donde está la ver- 
dad; y el correcto equilibrio resalta palpitante en las 
serenas impulsiones del amor propio que prodigando 
respetos a los demás, pide con grito altanero la es- 
timación de sí mismo. 

Dóciles a esa voz y en nombre de la dignidad las- 
timada tenemos el derecho de exhibir nuestras pren- 
das, para defendernos con energía de los golpes ale- 
vosos que nos dirigen incógnitos adversarios, cómo- 
damente guarecidos en las chismosas conversaciones 
de café o disfrazados con la careta del anónimo en 
las hospitalarias colomnai de lo« diarios muy acce- 
sibles. 



[166] 



VBBSOS dUOLIiOS 



Nos han tildado de retrógrados, enemigos eviden- 
tes del mejoramiento continuo que simboliza el pro- 
greso; nos han acusado de restauradorea perjudicia- 
les de un gaucho que no existe, y en últinio desahogo 
nos regalan, como calumnia de barrio sospechoso, 
el titulo de compadres. 

Descarguémonos. £1 progreso no es una palabra 
sin sentido, destinada únicamente a auxiliar el én- 
fasis con que quieran pavonearse los envenenados por 
la fatuidad. El verdadero progreso consiste en el per- 
feccionamiento de las cosas o de las ideas pasando 
con enormes ventajas de lo malo a lo bueno o de lo 
bueno a lo mejor. Sobre esta base, estudiemos la 
conducta de ellos y la nuestra. 

Este país, poblado por familias europeas, produjo 
un día su raza propia, que por tendencias y con he- 
chos resolvió cortar para siempre el cordón umbilical 
que lo retenía unido a la madre del viejo continente. 
Siguió su desarrollo, y al ir creciendo se fueron acen- 
tuando los caracteres de organismo independiente, con 
algo suyo, cada vez más pronunciado y cada día más 
definido. Esa marcha continuará de una manera in- 
cesante; y la aspiración del engrandecimiento tiene 
como punto de partida* sean cuales fueren las diver- 
sas rutas de sus manifestaciones, la convicción conso- 
lidada de que poseemos atributos suficientes para le- 
vantarnos, en medio de las demás naciones, con toda 
la majestad de un pueblo libre. 

Lo natural ha sido que en la evolutiva separación 
haya aumentado gradualmente el colorido localista 
de la reciente nacionalidad. Los países son como los 
hombres. En su infancia se dejan sugestionar por las 
opiniones que escuchan y todas sus ideas son pres- 
tadas; en la juventud aparecen algunos juicios con 
tinte personal y se rectifican en parte lo» conceptos 



[167] 



ELIAS REGULES 



ajenoB; y cuando llega la virUidad confirmada, se 
siente verdadera vergiienza en seguir, como testaferro, 
las inclinaciones que no respondan a un convenci- 
miento individual. 

Nuestra tierra, que ya no es un pueblo niño, exige 
a sus hijos el justo homenaje de pensar con cerebro 
uruguayo, para sustituir por una entusiasta adoración 
nacional la indiferencia con que valoran nuestras co- 
sas los raalos orientales que, en un instante de im- 
perdonable extravío, son capaces de pedir que se baje 
la bandera celeste y blanca para reemplazarla por 
cualquiera de las que flamean más allá del Atlántico. 

Nosotros, los que tenemos ya constituido el sen- 
timiento de la nacionalidad; nosotros, los que consi- 
deramos que no es un derecho exclusivo de Italia, de 
Francia o de Inglaterra tener costumbres propias; 
nosotros» los que queremos la independencia absoluta 
en la satisfacción de las inclinaciones, asi como la he- 
mos alcanzado en la extensión territorial; nosotros los 
que, sonriéndonos de los estacionarios, sabemos se- 
paramos de las ideas embutidas con abuso de la irre* 
flexión, y no titubeamos para comprobar con hechos 
las seguras convicciones recogidas en los altares le- 
vantados a la libertad del pensamiento, estamos más 
adelante que los apegados eternamente a la extraña 
teoría de que lo malo del vecino es superior a lo 
bueno de casa. 

EII0S9 que con los ojos cerrados admiten como óp* 
timo todo lo que pueda pertenecer al extranjero; ellos» 
que sin la más insignificante apreciación, condenan 
los trajes nacionales para someterse en forma pacífica 
al yugo de las modas europeas» por la única razón 
de que han venido; ellos, que todavía no se han apar- 
tado de las preocupaciones que podrían atenderse en 



VERSOS CBIOLLOS 



la época del virreinato o de la República Cisplatina, 

pero que no se conciben setenta años después de 1825 ; 
ellos, que aún desean prolongar la esclavitud, soste- 
niéndola en las trivialidades de la ropa y en la co- 
rriento fatal de los gustos, están como orientales mu- 
cho más atrás que nosotros. 

Luego, si hay retrógrados, no son seguramente los 
que, encontrándose con los caracteres de ciudadano 
más acentuados, entran de lleno al terreno en que se co- 
locan los habitantes de esa Paria culta^ donde se hace 
una religión del amor a la patria y donde se enseña 
a los recién nacidos que el último tamango de Fran- 
cia es preferible a todas las grandezas de Berlín. 

El progreso no se mide por la ropa con que se 
pasea en las calles aristocráticas. Si entrásemos al es- 
tudio de los hombres viejos y los hombres nuevos, 
valorados por la resultante de sus aptitudes morales 
y de sus sentimientos generosos, tal vez encontrásemos 
a nuestra época marchando con cuerpo de cangrejo. 

Se dice que hemos restaurado con graves perjui- 
cios un gaucho que no existe. Como exterioridad, 
nada desaparece mientras la convenciónj de pocos o 
de muchos* resuelva sostener el uso; y como entidad, 
podemos admitir, sin miedo de réplica fundada, que 
seriamos muy felices, que efectuaríamos un indiscu- 
tible progreso, si pudiéramos traer a los días contem- 
poráneos el ahna bien tallada del antiguo uruguayo, 
que tenía su palabra por documento y por Dios su 
deber, para encarnarla en una generación modificada, 
donde los papeles ya no obligan, y donde se llenan 
de feligreses los templos erigidos a la inmoralidad y 
al egoísmo. 

Somos también compadres. Este calificativo puede 
ser denigrante en dos sentidos: significando la pér* 



[189] 



ELIAS 2USOULES 



didft del hábito del trabajo para pasar la vida en ba'* 

canal orgía, o representando el repugnante alarde de 
grandes méritos para provocar quijotescamente la có- 
lera de los demás. 

Ni de una ni de otra numera nos cae ese sayo. Pue-< 
dfn ponérselo aquellos que, sin ocupación conocida y 
con pocos escrúpulos, hacen vida feliz, aristocrática 
o plebeya, a expensas de la confianza de sus acreedo- 
res o de los beneficios alcanzados en las ruletas po- 
pulacheras o en los garitos de los clubes, y los que, 
embriagados por la persuación de pertenecer a castas 
distinguidas, no les al(;anza un siglo para hacer co- 
nocer las cien vanidades que manifiestan en cada 
segundo. 

En la defensa va una divisa; Cariño nacional y de- 
mocracia* Los que no la acepten, los que se hayan 
equivocado al ingresar a la Sociedad Criolla» están 
en tiempo de retirarse con todos los honores de una 
atenclosa despedida. Los que quedemos, los que ex- 
perimentemos cada día el aumento de la seguridad 
con que han crecido nuestras opiniones, los que se- 
pamos desdeñar las sofísticas explotaciones que de 
nuestros gustos hacen, en la impunidad de la ausen- 
cia, algunos infelices que ambicionan darse títulos de 
superioridad escalando sobre nuestros cadáveres, po- 
dremos siempie levantar con orgullo el programa de 
nuestra campaña, concretándolo en estas palabras: La 
civilización, que no ha legislado todavía sobre gustos 
nacionales, no puede prohibir en el Uruguay lo que 
consiente en todo el Universo. 

-irr 1 lo--»- ^^^^^ Regules. 

Marzo 17 de 1^9^. ^ 

("Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales". Año I. 
Número 3. Montevideo, 5 de abril de 1895 Pági. 36 y d7J 



[170] 



DISCURSO DEL PRIMER ANIVERSARIO 
DE LA "SOCIEDAD CRIOLLA" 



Hace hoy un año. Los gratos recuerdos de las ho- 
ras amenas, encontradas bajo la bizarra arboleda de 
Piedras Blancas, estimulaban vivamente la fibra na- 
cional de los concurrentea al paseo que acababa de 
celebrarse: y teniendo por bandera el dignísimo pro- 
pósito de ofrecer un tributo a sus afecciones urugua- 
yas, treinta y tres compañeros, reunidos en el esce- 
nario del Pabellón Podestá-Scotti, daban por funda- 
da la Sociedad Criolla. 

El tiempo ha transcurrido, y los hechos han de- 
mostrado que aquella idea no rodó silenciosa a llorar 
su desgracia en el vacio. Voces opuestas, impulsadas 
por añejos errores, no han podida quebrantar la con- 
vicción fundada de los que se sienten vivir entre ní- 
tidas vinculaciones con las lomas y bajos y arroyos 
y sierras, que forman el pintoresco cuadro bordeado 
por el Uruguay, el Océano y el Plata. 

La sorpresa de la novedad pudo engendrar repro* 
ches; pero el examen tranquilo de todo lo que se 
escondía detrás de cuatro detalles, intrínsecamente in- 
diferentes^ no tendrá nunca media palabra de protesta 
para los que sostienen el derecho de querer a su tierra 
con la misma amplitud que se concede a los demás 
habitantes del globo. 

O el amor patrio es una mentira, inventada por el 
hombre culto para explotar la sangre de las comuni- 
dades Ignorantes, o tienen razón los que, en su nom- 



14 



[171] 



ELIAS REGtTLES 



bre, pretenden cultivar las tradicionc» hislóricaa de 
un pueblo, para combatir, en el alcance de sus fuer- 
zas, una desconsoladora época de indiferentismo na- 
cional. Se han censurado con acierto las exageracio- 
nes patrioteras de los cantores románticos, que pos- 
ponían log discretos consejos del sentido práctico a 
las enfermizas combinaciones de una imaginación des- 
enfrenada: pero este error no da base para llevar la 
reacción hasta el borde del extremo contrario, donde 
sólo tropieza la mirada con el frío polar do la ne- 
gación afectiva. 

Los adelantos de los hombres llegarán a modificar 
incesantemente los múltiples recursos de que se dis- 
pon D:a para vencer las dificultades de la vida, y cam- 
biarán las ideas con vertiginosa reforma, acelerando 
de una manera eléctrica la marcha progresiva del 
enriquecimiento intelectual; pero no podrán nunca 
llevar su acción hasta el vedado campo del sentimiento 
humano. Para esto no hay convenciones ni descubri- 
mientos; hay organización preparada y efectos fata- 
les Matarlo por completo, negar su realidad, es arran- 
carle al hombre todo lo que tiene de feliz, para con- 
vertirlo en una estatua de mármol, a que sólo pide 
comodidades y bajezas* 

Se desentona, pues, cuando se invoca el perfeccio- 
namiento para encontrar detestable el aprecio del sue- 
lo. Si esa argumentación se dirigiera a las prendas 
de vestir que, en la insaciable fiebre de la variación 
inmotivada, han sufrido las metamorfosis más incon- 
cebibles, se les podría contestar a sus sostenedores: 
No es la materialidad tangible de la forma lo que se 
busca en este traje. En las ampulosidades de esta tela 
y en el sonido de estas rodajas van envueltas remi- 



[172 3 



VSRSOS CRIOUiOS 



nisceDciai placenteras, que son hermosas porque son 
sentidas y que son grandes porque son nuestras* 



Ha pasado ya un año. Ante tu aniversario me in- 
clijio satisfecho y te presento el homenaje de tnis 
más intimas emociones. Tú no eres sólo un recuerdo; 
eres también ima esi)eranza« ¡Qué el porvenir te abrace 
con cariño! 

EU<íS Regules. 

("Revisti NacioDal de Literatura y Cieneiafl Sociales**. Afio I, 
m 7, MontevideOt 5 de jimio de 1895. Pág. 100.) 



POR QUE CANTE A MI TAPERA 



En las proximidades de aquel arroyo corrieron mis 
primeras impresiones. Naturaleza con vigores primi- 
tivos, marco agreste, verdad de la vida palpitando en 
la sensación y horizonte de rosa con aleteos de ven- 
tura dominaron el cerebro virgen, para consolidar 
un trono inconmovible^ donde reina una huella inde- 
leble y descollante. 

Siguió 9u viaje el tiempo. Trasladado a la capital 
de la República, regresaba en las varaoiones al pa- 
raje de cuna, siempre invaiiable, sií^mpre galano, 
siempre atrayente, hasta un especial dia que resolvió 
mi permanencia en sitio lejano y en ambiente dis- 
tinto. 

Pasaron diez años. Médico y cabeza de casa, vuel- 
vo a la localidad, por pocos días. Anhelo visitar el 
sitio donde estuvo mi rancho y un paisano amigo me 
hace saber que nada ha quedado : que sólo hay cardos. 

— ^No importa, le contesto. Deseo ir. quiero ver la 
tierra y el pasto. Me acompaña y cruzando el Paso 
de la Yeguada pisamos el terreno solitario que en 
otras horas tuvo población y movimiento. 

Bajé del caballo. Recorrí varías veces lo que había 
sido escenario de mis días infantiles, y no obstante 
la mudez del momento, se atropellaron en mi fuero 
íntimo las fosforescencia de un pasado plácido, que 
tomó color y aumentó en fragancia con las evocacio- 
nes del instante. 



[174] 



VERSOS CRIOIiLOfl 



La estancia^ U población, sus coútomos, el campo, 
los hombres varoniles, las haciendas, las marcas» las 
señales» la doma, la yerra, la esquila, la madrugada 
con toque de trabajo y de alegría, la marcha del sol 
apuntando faenas, la tarde, perdedoras de luces, con 
el recogimiento, acomodo, fogón y referencias que 
quedan clausuradas, por orden del descanso, hasta 
un nuevo concierto con cantos de gallos» 

La pulpería, la reja, la ramada, la concurrencia, 
las carreras, las riñas, los naipes, la policía, los casa- 
mientos, los bautismos, las prendas de lujo y el chis- 
porroteo de una mentalidad, sin cultivo pero grande, 
evidenciando la alta potencia de la sangre que dejaron 
los castellanos sobre el suelo de América. 

Mis padres, sus caricias, sus cuidados, mis amigos . 
niños, mi nodriza, mis juegos, mis travesuras y mis 
amigos hombres que se recreaban en enseñarme y en 
pedirme versos regionales, bajando de su edad para 
entretenerme unos minutos con las relaciones de Re- 
gulito. 

£1 aroma del recuerdo iba adquiriendo tonalidad 
triste. No lo quería amargo y resolví marcharme. In* 
vité al compañero y salimos. 

Silenciosos, descendíamos por una ladera, cuando 
el paisano rompió el mutismo con esta manifestación: 

— ^*^La verdá, doctor, es que cuando uno ha vivido 
algunos años en una parte, y se va, y dispués de mu- 
cho tiempo pega la güelta, y no haya nada, y se pone 
a pensar en lo que allí vid o y le agradó, a uno se le 
hace como un ñudo en la garganta.'^ 



[176] 



iflngloaes do '*Mi Tapora"*. 

££u» Regules. 

(SuplemtMito del **0iaiio dri PlaU'*, Montevideo, 28 de di- 
ciezobre de 1924.) 




ciwi